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Por Fin
Lunes, 8 de Agosto de 2022
Por Fernando Madariaga

En Estados Unidos, los presidentes republicanos son los que tienen la fama pero son los demócratas los que cardan la lana, al menos en lo que se refiere a liar follones por el mundo. Y salvo alguna excepción puntual, caso de Bush junior, ha sido históricamente así.

Barack Obama se metió en más follones bélicos durante más tiempo que su antecesor, el arriba nombrado George W. Bush, y mantuvo tres guerras simultáneas en Irak, Siria y Afganistán durante sus dos mandatos. Trump, a pesar de ser republicano y un bocazas profesional, resultó mucho menos beligerante que ese Obama que, paradójicamente, recibió el Nobel de la Paz sin mérito alguno salvo el de ser presidente de la nación más poderosa del planeta.

Y el que tenemos ahora, ese gran demócrata que es el bueno de Joe, va camino de hacer merecedor a Obama del inmerecido galardón.

Porque con su aspecto de respetable anciano y sus divertidos andares de Chiquito de la Calzada, Joe Biden está liando la mundial sin dejar de sonreír. Aunque siempre, siguiendo la tradición, lejos de suelo norteamericano.

Tras estar azuzando a los rusos desde que en 2014 empujamos -Estados Unidos y Europa- a los ucranianos a la revolución del Maidán e ir incorporando a países de la antigua órbita soviética a la OTAN hasta colocar a nuestros cazas a 500 kilómetros de Moscú, finalmente logramos despertar al oso ruso, que terminó dando su zarpazo. En Ucrania por supuesto, lejos de Estados Unidos. Al igual que sucedió en las dos guerras mundiales, se lucha siempre en suelo europeo y es nuestro continente el que termina hecho papilla.

Somos todos los países de Europa los que vamos a pasar calor este verano y frío este invierno para ahorrar energía por culpa de Putin. En Estados Unidos no se plantea restricción alguna.

Tampoco hay que perder de vista que está siendo la economía norteamericana la gran beneficiada por la invasión de Ucrania, tanto como principal proveedor mundial de gas natural licuado, como por la milmillonaria inyección a su potente industria de defensa gracias a las sucesivas entregas de armas al Ejército ucraniano, incluidas las realizadas por los países de la OTAN, un material militar estandarizado en la Alianza que es mayoritariamente made in USA.

Y para complicarlo todo un poco más, lo de Taiwán, también lejos de territorio norteamericano. Desde la isla hasta las costas de California hay casi 11.000 kilómetros.

Es obvio que la administración Biden también quiere tocarle las narices a China, pues no se entiende de otra forma la inoportuna visita de Nancy Pelosi a Taipei, precisamente ahora con el lío que tenemos montado en Ucrania. O tal vez el tour de la presidenta de la Cámara de Representantes ha sido precisamente por el lío que tenemos en Ucrania.

Tanto Washington como Pekín han respetado hasta ahora el pacto alcanzado en relación al statu quo de Taiwán. Al romperlo, la administración norteamericana solo ha conseguido hacer más sólidos los lazos entre chinos y rusos.

Parece que Estados Unidos pretende repetir la estrategia de ir dando empujoncitos a China al igual que hizo con Rusia para que pierda la paciencia o peor, hasta que pierda la paciencia.

También parece que Joe Biden busca reproducir el esquema de bloques de la guerra fría. Si es así, Europa debería plantearse si de nuevo ejercerá su histórico papel de saco de boxeo, o si tomará por primera vez el camino que sea más conveniente para Europa, al margen de bloques y de conflictos que no son los nuestros.


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