Después de ver la sorprendente bajada de pantalones de Pedro Sánchez ante el rey de Marruecos, con el radical cambio de postura en relación al Sahara Occidental, lo único que queda es esperar a que, en un futuro, nuestro extraño presidente del Gobierno escriba unas memorias para explicarlos los motivos de tantas decisiones irresponsables, estúpidas y perjudiciales para nuestro país.
Quizá solo falta que nuestro melifluo titular de Exteriores, José Manuel Albares, haga otras declaraciones a tontas y a locas para informarnos de que Pedro Sánchez se ha mudado a vivir a una jaima en el desierto que le ha regalado el monarca marroquí.
Hasta sus propios socios de Gobierno se han quedado, de nuevo, en fuera de juego ante la toma de decisiones de un presidente que se pasa el día ofreciendo diálogo aunque jamás lo practique.
Resulta preocupante que este hombre tome decisiones de semejante calado sin siquiera informar previamente al Parlamento, sobre todo teniendo en cuenta la impresionante imagen de debilidad que ofrece internacionalmente cuando se pliega a cualquier chantaje que le hace una potencia extranjera.
Porque así es como los reyes de Marruecos entienden sus relaciones con España, y mientras nuestros sucesivos gobiernos -que no ha sido el de Sánchez el único- se deshacen en pleitesías e inclinan el espinazo ante Rabat, la respuesta de aquella monarquía es la de inundarnos con inmigrantes ilegales y con droga. Ambos por igual salen desde sus costas sin control alguno y sin que ese “amado vecino del sur” con el que siempre hemos tenido unas “magníficas” relaciones haga nada por cumplir con sus mínimas obligaciones como país soberano.
Cuando se te está escapando la gente de tu territorio, cuando un Gobierno utiliza a sus menores para lanzarlos de forma suicida a invadir un país extranjero y permite el cultivo y exportación de drogas desde su territorio de forma pública y manifiesta, es obvio que resulta incompetente para cumplir las obligaciones esenciales ante su población y ante la sociedad internacional.
En un caso así, como en otros que hay en el planeta, debería ser Naciones Unidas la que interviniera para administrar de forma interina esos Estados fallidos hasta que algún partido o candidato nacional demostrara su capacidad para hacerlo. Es cierto que esa misma receta es en parte aplicable a nuestro propio Gobierno, aunque a nosotros, por el momento, no se nos escapa la gente.
Con la decisión que ha tomado Pedro Sánchez solo ha conseguido debilitar aún más a España en la esfera internacional y ha confirmado al rey de Marruecos que su Gobierno está dispuesto a pagar a chantajistas.
Y ya saben que una vez que has pagado a uno, te va a estar extorsionando toda la vida.
Comentarios potenciados por CComment