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Lunes, 4 de Abril de 2022
Por Fernando Madariaga

Vamos a ver si, tras lo de las elecciones en Hungría, los principales partidos políticos españoles, formados todos ellos por “grandes demócratas”, se empiezan a enterar del resultado que pueden producir los antidemocráticos “cordones sanitarios” a aquellas formaciones o personas que ponen en duda alguno de los dogmas de estos nuevos inquisidores.

Unión Cívica, la formación del estigmatizado primer ministro húngaro, Víctor Orbán, ha barrido, por cuarta vez consecutiva, a todos los partidos de la oposición que, unidos en una variopinta coalición para expulsar a Orbán, solo han conseguido encumbrarle aún más superando los resultados de la anterior convocatoria electoral, cuando las encuestas hasta apuntaban la posibilidad de que este “cordón sanitario” permitiera acceder al poder a todas esas formaciones que no son capaces de vencer limpia y democráticamente.

El caso húngaro debería invitar a nuestros arrogantes políticos a plantearse si lo que se pretende con Vox no puede provocar un efecto rebote similar que termine conduciendo al partido de Abascal al poder.

Aparte de la falta de respeto democrático y del totalitarismo que rezuma esa izquierda que finge progresía al despreciar a los millones de votantes que avalan a los diputados de Vox, no hace falta ser demasiado espabilado para darse cuenta de que, cuanto más se pretende aislar, discriminar y hacer desaparecer a esta formación, mejores resultados consiguen los de Abascal.

Los ciudadanos no solemos llevar nada bien que nos digan qué debemos votar, ni que nos hurten opciones políticas porque ponen en duda algunos de esos nuevos dogmas que solo ocultan ideologías y políticas interesadas y subvencionadas en beneficio del grupo de amiguetes.

Y aun ni imponiendo ese pensamiento lineal con leyes redactadas como trajes a medida para prohibir opinar, dudar u obligar a pensar de acuerdo con esta nueva inquisición, los ciudadanos parecen dispuestos a aceptar a estos dictadores contemporáneos, que se parecen al general Franco mucho más de lo que ellos creen; aunque estos resultan más caros.

De paso, puestos a hacer gala de una pizca de sentido común, no estaría de más que los “grandes demócratas” se preguntaran por qué cada vez más gente en varios países de Europa vota a esos deleznables partidos populistas, fascistas y de extrema derecha.

Aunque conociendo la categoría de nuestros políticos es poco probable que concluyan que no están haciendo el trabajo por el que se les paga y culpen al ciudadano de no ser consciente de la magnífica gestión realizada y de no saber elegir.


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