Personalmente creo que Podemos, aunque me chirríe reconocerlo, tiene razón. Creo que la única forma de terminar con el sistema mafioso de controlar el precio de la energía eléctrica pasa por la creación de una empresa publica ad hoc.
No es cierto, como dice este supuesto Gobierno “progresista”, que la Unión Europea prohíba regular los precios de la energía. La normativa establece, lógicamente, excepciones y en España las cumplimos casi todas, y algunas más que probablemente ni aparezcan en las pulcras directivas europeas.
El hecho de que los demás países miembros de la Unión no estén permanentemente sometidos al chantaje de empresas privadas que controlan servicios esenciales es demostrativo de que algo estamos haciendo muy mal.
Con toda su progresía, Pedro Sánchez ha sido incapaz de meterle mano a los desmedidos beneficios del escaso número de empresas que forman el oligopolio energético español.
Es poco probable que en la Europa civilizada, de la que no formamos parte, los ex altos cargos de la Administración acaben, gracias al corrupto mecanismo de las puertas giratorias, como miembros de los consejos de administración de esas mismas empresas a las que debieron controlar en el ejercicio de sus cargos. Por desgracia, a los votantes no nos quedan demasiadas opciones. Tanto PP como PSOE están pringados en la misma salsa. Es curioso que aún se pregunten cómo las políticamente incorrectas alternativas “populistas”, como la de Vox, continúan ganando intención de voto sin hacer nada en absoluto. No les hace falta, con un sistema de partidos corrupto hasta la médula, lo mejor es quedarse quieto para que te hagan el trabajo.
¿Se habrá peguntado el PP o el PSOE por qué el corrupto gobierno de Kabul se ha desmoronado sin que nadie lo eche de menos? Tal vez deberían hacerlo.
La alternativa ofrecida por la inepta ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, de bajar el recibo de la luz a base de privar de ingresos fiscales al erario público en vez de ocuparse, de una puñetera vez, de la inmoralidad de los llamados “beneficios caídos del cielo” y de la especulación con un servicio público imprescindible para la supervivencia, es un insulto al ciudadano y una muestra más de que ha llegado el momento en que los dogmas neocapitalistas han mutado en un virus que nos esta devorando.
Tal vez ha llegado el momento de romper algunos de esos dogmas y evolucionar en un modelo económico que no hemos modificado desde finales de los años ochenta.
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