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Por Fin

No es Saigón, es Ruanda

Opinión

Domingo, 15 de Agosto de 2021
Por Fernando Madariaga

Teniendo en cuenta la velocidad de las conquistas de los talibanes durante los últimos diez días, me parecía muy poco probable que los cálculos de Washington, lo de que tardarían unos tres meses en llegar a Kabul, fuese mínimamente creíble. Con la dinámica de la ofensiva, me atreví a calcular que el Gobierno afgano no llegaría a final de mes. Me equivoqué, no ha llegado a hoy.

Sorprende que la mayor potencia del mundo, con todos sus recursos, con todas esas agencias de inteligencia que tan a menudo salen en las películas logrando éxitos impresionantes, fuera capaz de cometer, y repetir, tantos errores de cálculo.

Es increíble que, tras 20 años sobre el terreno, no fueran conscientes de que las fuerzas regulares afganas, que nos han costado -a los países de la Coalición- alrededor de un billón de dólares, eran totalmente ineficaces y que se desmoronarían como un cubito de hielo en agosto. Aun han tardado menos de lo esperado. Personalmente esperaba que, al menos, las denominadas “fuerzas especiales”, formadas por 50.000 hombres, presentaran alguna resistencia. No ha sido así.

Por el contrario, los recursos militares que les hemos regalado han sido directamente entregados a los talibanes y los que no han huido se habrán unido a las filas de los barbudos, llevándose con ellos nuestro adiestramiento y todos los conocimientos relacionados con algo muy importante: ahora saben cómo luchamos.

La verdad, después de todos estos años de precipitadas experiencias bélicas internacionales, con todos los muertos que eso conlleva entre nuestras filas y en las de los enemigos, sorprende que seamos tan ineptos.

Los errores de la Casa Blanca y del Pentágono en Afganistán, han sido imperdonables. Al igual que lo ha sido la servil obediencia con la que los demás miembros de la Coalición, incluyendo a España, hemos respetado sin rechistar la incompetente forma en que se ha llevado esta larguísima campaña.

Tanto que la ineptitud que ya mostramos en la guerra de la ex-Yugoslavia de los 90, mirando lo de Afganistán, parece ahora casi una gestión militar y política brillantes.

En algún momento tendremos que empezar a pensar en poner a alguien capacitado al frente de algo para evitar ridículos como el de hoy y, sobre todo, para no provocar el genocidio y la catástrofe humanitaria que vamos a provocar.

Olvídense del “buen rollito” ofrecido por los talibanes. Es mentira. La venganza talibán será brutal y ni el papel mediador que intentan ejercer China y Rusia con el objetivo de ganarse el país para su esfera de influencia va a funcionar.

Lo de hoy en Kabul tal vez nos retrotraiga al Saigón de 1975, con la entrada del Vietcong, pero aventuro que en pocas semanas recordará más al genocidio hutu en la Ruanda de 1994.


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