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Matando vacas

Opinión

Martes, 10 de Agosto de 2021
Por Fernando Madariaga

Impresionante el poder que tienen los especuladores para imponerle a nuestros supuestos gobiernos “democráticos” los abusos que sus ciudadanos deben sufrir para lograr ser felices con sus cuentas de resultados. Es el problema de haber dejado en manos de amiguetes mafiosos el control de recursos esenciales básicos, y es un problema más serio de lo que parece. Más incluso de lo que creen esos mafiosos. Al final, como la Historia nos enseña, crear tantos desheredados provoca la rebelión.

Porque desde que, pocos años después de la transición -ignoro por qué suelen escribirlo con mayúscula-, PP y PSOE repartieron los servicios públicos esenciales entre sus coleguitas, haciendo jirones con la red de empresas de propiedad pública incardinadas en el Instituto Nacional de Industria, el INI, lo de disponer en España de los servicios básicos que garantizan la supervivencia se ha ido convirtiendo en un lujo. Desde entonces, ninguno de los dos partidos que han provocado esta situación de constante abuso, ha sido capaz de levantarle la voz a todas esas empresas del Ibex-35 que gobiernan sobre los gobiernos españoles.

Lo de las famosas “puerta giratorias”, la práctica consistente en recolocar con prestaciones millonarias a ex altos cargos en esas empresas cotizadas en pago de los favores recibidos, ha anulado la capacidad, y la legitimidad, de los ejecutivos populares y socialistas para poder levantarle la voz a los amos.

Es inmoral que Ana Pastor (PP) reclame hoy en televisión al Gobierno de Pedro Sánchez que haga algo contra la abusiva subida del precio de la electricidad, cuando fue el entonces presidente Mariano Rajoy el que acabó con cualquier posibilidad de provocar alguna grieta en ese oligopolio con la creación del impuesto al sol, anulando las medidas adoptadas por su predecesor, José Luis Rodríguez Zapatero, que parece que fue el único -quién lo iba a decir- capaz de plantarle cara a las todopoderosas eléctricas.

Es obvio, habida cuenta de que somos muchos los que llevamos más de una década predicando contra el viento ante este sistema clientelar que reduce el papel del ciudadano al de extenuada vaca lechera, que los medios de comunicación carecemos de peso suficiente para arañar ese muro. Los grandes no lo hacen porque también se deben a sus amos y los pequeños somos demasiado insignificantes para conseguir nada.

No obstante, estoy convencido de que un sistema creado para fabricar pobres en beneficio de una minoría cada día más opulenta, acaba sucumbiendo cuando sus excesos ya han conseguido matar a todas las vacas lecheras.

Lamentablemente, y como siempre recuerdo, el pueblo ruso no terminó asaltando el Palacio de Invierno por casualidad.


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