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Por Fin

El concepto de egoísmo

Opinión

Jueves, 5 de Agosto de 2021
Por Fernando Madariaga

Como era previsible y ya advertí en este mismo espacio, lo de decidir libremente si vacunarse o no va a ser otro de los derechos ciudadanos con los que el covid va a terminar. El formato utilizado por las administraciones de hurtar a los no vacunados cada vez más libertades, limitando el acceso a espacios públicos, es solo una versión cobarde de represión. A medida para nuestras democracias de cartón piedra.

El discurso con el que los grandes medios de comunicación bombardean incesantemente a la población para evitar la dispersión del rebaño es tan eficaz como falto de lógica. Tanto que ni aún cuando los hechos demuestran la estupidez que supone el planteamiento, la ciudadanía se atreve a exigir responsabilidad al autor de esa estupidez, o de la mentira.

Los conciertos de música celebrados hace poco en Cataluña a modo de experimentos en el que los koalas han sido varias decenas de miles de ciudadanos, es una de las más recientes pruebas de ello.

A pesar de los tests previos a todos los asistentes, varios miles resultaron contagiados, convirtiéndose a la vez en propagadores de la enfermedad. Algo que, evidentemente, cualquier persona con dos dedos de frente sabe que ocurrirá, aunque nadie se atreva a decirlo por miedo a discrepar.

De la misma manera, es pueril y perverso esgrimir desde el poder el argumento de que quienes no se quieren vacunar son insolidarios, con idea de que sea la presión social la que les prive del derecho a decidir, para que el gobernante no tenga que utilizar las vía represiva y su “talante democrático” continúe inmaculado.

La parte débil de la ecuación no es el vacunado sino el que no lo está y que ha de relacionarse en un mundo de asintomáticos que contagian la enfermedad, que es lo que producen las actuales vacunas.

Las vacunas de las que disponemos no curan, no impiden el contagio, ni que el vacunado transmita la enfermedad. Lo único que hacen es proteger a ese mismo vacunado haciendo que no padezca los síntomas o que estos sean leves, evitando poner en riesgo su vida y que suponga un gasto hospitalario para la administración.

Porque esta pandemia tiene mucho de economía y hasta lo de que las dos grandes empresas que fabrican las vacunas hayan decidido subir los precios justo cuando pretenden pinchar a los koalas con una tercera dosis que las autoridades sanitarias no creen necesaria por el momento, pero ante la cual guardan un silencio cómplice, dice mucho sobre los "criterios sanitarios" que inspiran a ambas farmacéuticas.

Con todas esas características, no sé si lo que están inyectando a la gente es una vacuna o el perfecto concepto del egoísmo.


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