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Miércoles, 7 de Julio de 2021
Por Fernando Madariaga

En mi juventud, cuando aún tenía ilusión y energía para hacer periodismo del de verdad, conocí en Oriente Medio a un colega de más edad y experiencia que me explicó que, conseguir una respuesta inmediata de la opinión pública y, en consecuencia, de sus gobernantes, solo se lograba gritando “¡bomba!” en algún lugar abarrotado. Creo que es el momento de utilizar esa artimaña.

En el día de hoy, siete de julio, la Junta ha notificado en Marbella 558,8 contagios por 100.000 habitantes frente a los 513,4 de ayer, sin que ninguna autoridad pública parezca capaz de ver al rey desnudo -de nuevo- a pesar del imparable ascenso de las cifras y de la creciente dominante de la puñetera cepa India que siempre es más hija de puta que su predecesora.

Reconociendo que esa tendencia al alza y el rumbo a un nuevo desastre es común a toda España y a buena parte de Occidente, lo de no hacer nada porque todos estamos jodidos, no parece una buena estrategia sanitaria frente a la pandemia. Y ello a pesar de que la inactividad de las administraciones públicas, tanto estatal y autonómica como local, amparada en vacunar más rápido para crear más asintomáticos que trasmitan la enfermedad, tampoco parece un plan demasiado inteligente para sortear la situación.

De nuevo, como en las oleadas anteriores, nuestros gobernantes actúan con una lentitud e inoperancia sorprendentes.INCIDENCIA 07 JULIO

En nuestro caso, en Marbella, con una alcaldesa desparecida en combate, un presidente andaluz que se limita pedir más responsabilidad a los jóvenes y otro nacional que sigue encantado de conocerse mientras hace una gira por el Báltico, parece coherente que alguien, en cualquier administración pública, empiece a pensar en poner sobre alerta a la UME (Unidad Militar de Emergencias) por lo que pueda pasar, retrasar las vacaciones del personal sanitario, movilizar a Protección Civil y al Ejército para impedir que los botellones y el ocio nocturno se conviertan en el problema de seguridad nacional que ya son.

Es obvio que los policías no pueden o no quieren hacer su trabajo, y tenemos que atajar la actual situación de caos en las celebraciones juveniles para reducir el nivel de contagios. Si no disponemos de suficientes funcionarios para hacerlo, utilicemos a los militares, creo que a ellos no hay que pagarles horas extra, ni te vas a encontrar a un sindicato dando por culo al día siguiente a pesar de que el país se encuentre ante un riesgo sanitario extremo. Benditas Fuerzas Armadas.

Demasiado lentos, demasiado lentos. Ya deberíamos tener todos esos recursos en la calle, sobre todo a la hora de las copas y de los jóvenes.

Cuando el presidente Pedro Sánchez, otra vez, se dé cuenta de que todo se ha ido de las manos, culpará a las autonomías por no tomar las decisiones adecuadas y anunciará el enésimo plan para superar los efectos económicos del COVID y la "concordia" alcanzada gracias a los indultos a los golpistas catalanes.

Alguien en los poderes públicos debería hacer algo o, por lo menos, gritar "¡bomba!". Lo mismo funciona.


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