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Martes, 29 de Junio de 2021
Por Fernando Madariaga

Con buena parte del mundo, que no la mayoría, mirando hacia la pandemia, nos olvidamos de los muchos países en los que lo de morir por covid es solo una más de las posibilidades, y no la más probable, de palmar porque sí. Afganistán es uno de esos países, y el hecho de que lo abandonemos a su suerte en septiembre, tras retirarnos con el rabo entre las piernas, anuncia la inmediata caída del Gobierno tan artificial como títere que hemos dejado en Kabul.

Por desgracia para los países que formábamos aquella estúpida coalición que se lanzó sobre los afganos en plan cruzada solo porque los norteamericanos querían alguien barato a quien matar tras el 11-S, más de una década de campaña afgana no ha servido siquiera para aprender de los errores cometidos.

Los españoles nos dejamos allí la vida de 102 de nuestros soldados, a los que esta semana el Ministerio de Defensa ha rendido un sentido homenaje, pero en ningún momento, ni nuestra ministra Margarita Robles ni ningún otro alto cargo de alguno de los países miembros de esa coalición, ha tenido el valor de reconocer algo obvio: murieron para nada.

Tampoco he oído a ningún político o militar de alto rango reconocer otra obviedad: perdimos. Superados además por una patulea de cabreros con una mala hostia histórica, fruto de siglos de vidas en guerra.

Nuestros sesudos expertos fueron incapaces de comprender que en Afganistán hay solo dos formas de vivir, o matándose entre ellos o matándonos a nosotros para después seguir matándose entre ellos. Que es justo lo que van a comenzar a hacer tan pronto desparezca en septiembre el último soldado norteamericano.

Es extraño que precisamente los militares norteamericanos presten tan poca atención a las lecciones de la Historia. Como ya he defendido en mil ocasiones anteriormente, Afganistán puede ser invadida, pero no conquistada.

La única opción sería lanzar sobre el país suficientes bombas atómicas para acabar con toda su población. Si fallamos y se nos escapa algún afgano con vida, les garantizo que se dedicará a darnos por culo hasta que le matemos o hasta que abandonemos sus país.

Piensen en un hecho interesante, a pesar de su beligerancia, tan brillante como suicida, jamás han invadido a países vecinos ni han mostrado el menor deseo expansionista. Solo quieren que les dejemos en paz para poder seguir matándose entre ellos.

Sugiero que respetemos ese deseo en el futuro para ahorrarnos otro centenar de buenos soldados muertos para nada. No obstante, teniendo en cuenta que en nuestro mundo siempre hay algún político hijo de puta haciendo horas extras, fijo que volvemos a meter la pata.


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