Aunque el pifostio que ha montado Ciudadanos no es saludable para la democracia, sí lo es para la opinión pública pues nos muestra una realidad objetiva: a los partidos políticos no les importa lo que, a día de hoy, le está sucediendo a la población.
En la actual situación de pandemia en la que nos encontramos, que Ciudadanos, populares y socialistas se pongan a discutir cómo nos repartimos los cargos es más que una prueba inequívoca de que lo que menos importa en este tablero es lo que padezcan los ciudadanos.
Como siempre he dicho, España solo tiene un gran problema -los demás son sucedáneos del principal- y es la corrupción de los principales partidos políticos.
El agujero negro de la democracia española es la financiación de esos partidos y el principal responsable de ese pecado no son los mismos partidos sino los corruptores. Los poderes económicos, la mayoría parte de esa banda organizada que son las empresas del Ibex-35, son los auténticos autores del delito de podredumbre que devasta a la política española y, en consecuencia, a las instituciones del Estado.
Lo del rey emérito, algo conocido por todos desde siempre, lo de Bárcenas, los Eres en Andalucía o la corrupción institucionalizada del 3% en Cataluña, no son el mal, son solo síntomas de un sistema político corrupto hasta la médula.
En las actuales circunstancias, sea en Andalucía, Madrid, Murcia o en Castilla-La Mancha, de lo que se trata es de mantener cuotas de privilegio, mientras el país se sigue hundiendo por los efectos económicos de la pandemia.
Las ayudas al sector servicios, que el Gobierno de Pedro Sánchez intenta endosar a los fondos europeos, no van a llegar. Europa no quiere una UE turística, de servicios, de hecho le importa una mierda. La UE quiere ser tecnológica, digital, medioambientalmente sostenible y -la palabra coñazo del momento- resiliente. Camareros, cocineros, propietarios de bares, restaurantes y hoteles, no están en la ecuación.
No es casualidad que todas las ayudas que se ofrecen estén sometidas a condiciones imposibles. A una solvencia de la que solo pueden jactarse aquellas grandes empresas con un colchón financiero que las hacen merecedoras de un dinero público que no necesitan.
Tampoco es casualidad que los fondos buitre hayan desembarcado en España optando a la compra a precio de saldo de todos aquellos negocios del sector servicios que carecen de músculo financiero para sobrevivir.
Al igual que la pandemia está favoreciendo la concentración de la parasitaria banca española, es el entorno perfecto para convertir el negocio del turismo en otro oligopolio.
Las pymes y autónomos del sector perecerán porque esta situación está siendo aprovechada para expulsar a los ciudadanos individuales del negocio.
El Gobierno lo sabe, tanto el nuestro como el europeo, y participan de ello. Por eso se anuncian diariamente ayudas que jamás van a llegar a quienes realmente las necesitan.
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