En la actual vorágine de estupideces en las que estamos inmersos gracias a la pandemia, el que sea imprescindible manifestarse por el día de la mujer no resulta más que una excusa simplista para justificar los sueldos de todos esos, y esas, que viven a costa de convertir en un negocio el hecho natural de que existan dos sexos.
Por mucho que todos los políticos y medios de comunicación se golpeen en el pecho por demostrar que son más feministas que nadie, lo cierto es que lo del día internacional de la mujer es solo una excusa más para justificar la millonada en recursos públicos que regalamos a un puñado de oportunistas para que sigan viviendo a cuerpo de rey -emérito o no- a costa del erario público.
Un principio básico de la estrategia es que no se puede dejar la resolución de un problema a quien vive de él. Que todas esas, y esos, feministas de boquilla, se pasen el día pontificando sobre la igualdad de género es tan ridículo como gratuito. Obviamente, el que vive de que exista un problema, aunque no exista, no va a permitir que se resuelva: su supervivencia depende de ello.
El que un montón de amargadas/os por el sexo que les ha tocado vivir se manifiesten pegando voces por una igualdad que jamás va a existir, no va a contribuir a una mayor igualdad ficticia. Aunque sí es verdad que puede ser útil para justificar las subvenciones que pagan sus nóminas.
Incluso cuando el cielo se le vino encima, el concejal de Vox de no sé qué pueblo que dijo algo tan evidente como que el fútbol de hombres tiene más tirón que el de mujeres, es culpable de reconocer lo obvio, pero de poco más. Los datos objetivos demuestran que Messi o Cristiano Ronaldo mueven publicitariamente mucho más dinero que cualquiera mujer futbolista de la que no conocemos su nombre. De hecho, el fútbol femenino, igual que en otras cuestiones, solo tiene la proyección mediática a la que se obligan unos medios de comunicación chantajeados por la falsa corrección política.
No veo a hombres manifestándose porque no existe la natación sincronizada masculina, ni por el hecho de que las tenistas femeninas no se enfrenten a los hombres, ni porque las futbolistas se midan al Madrid o al Barcelona de hombres. ¿No somos iguales según las amigas subvencionada de Irene Montero?
La igualdad de la mujer, de la misma forma que la solidaridad, se han convertido en un negocio lucrativo y las que aseguran ser feministas y se rasgan las vestiduras porque el 8 de marzo no se van a poder manifestar, solo están protegiendo sus nóminas.
Poner la solución de un problema en manos de las mismas, y mismos, que viven porque existe el problema, es de auténticos gilipollas.
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