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Miércoles, 24 de Febrero de 2021
Por Fernando Madariaga

Aunque admito que comparto el entusiasmo por la victoria tecnológica que supone la llegada del rover Perseverance de la NASA a Marte, también albergo una inquietante preocupación por la obsesión que tenemos de ir por la galaxia buscando los problemas que todavía no tenemos.

Ignoro de dónde procede esa obsesión de las agencias espaciales de todo el mundo por buscar formas de vida más allá de nuestro planeta y todavía me sorprende más lo de traerse muestras de otros planetas sin tener ni idea de lo que podemos encontrarnos.

Si nos apartamos de esa cierta dosis de infantilismo que suele caracterizar a los razonamientos no científicos de los científicos, que parecen empeñados en creerse que, de encontrar algo vivo ahí fuera, tiene que ser necesariamente como una ET coleguita y enrollado, y descendemos a la dura realidad utilizando el sentido común, deberíamos plantearnos dos cuestiones importantes.

La primera es que lo de traerse pedruscos de otros planetas sin saber lo que puede pasar si cambiamos las condiciones que mantienen inerte todo lo que hay allí, nos podemos llevar la sorpresa de reactivar, despertar o incluso encontrar, formas de vidas desconocidas que no tienen necesariamente que ser inofensivas para las de la Tierra, incluyendo nuestras propias vidas.

No creo que una agencia espacial o un determinado país, tenga derecho a traerse a nuestro planeta objetos del espacio sobre los que no saben nada en absoluto y que pueden depararnos desagradables sorpresas que son inimaginables ahora mismo para nosotros y frente a las que podríamos estar inermes.

La segunda cuestión a tener en cuenta es qué puede sucedernos si logramos encontrar formas de vida inteligentes. Es de sentido común pensar que si hay vida en este planeta puede, debe, haberla en otros. Sobre todo habida cuenta de la inmensidad del Universo.

Por alguna razón inexplicable y a pesar de las películas de Hollywood, insistimos en aceptar que cualquier forma de vida extraterrestre inteligente será pacífica.

Eso a pesar de que el sentido común, de nuevo, apunta a todo lo contrario. La única forma de vida inteligente que conocemos hoy en este Universo es la nuestra, los seres humanos y, como sabemos, somos unos auténticos hijos de puta capaces de devorarnos los unos a los otros por las cosas más intrascendentes. ¿En base a qué razonamiento asumimos que la inteligencia extraterrestre sería diferente?

La actual obsesión por Marte procede de que hay indicios que apuntan a que, en el pasado, hubo vida en ese planeta. ¿Alguien se ha preguntado por qué se extinguió?

No olvidemos que hace poco más de un año, lo de que un virus asesino diezmara a la población mundial era solo una idea que inspiraba películas de ciencia-ficción. Hoy es nuestra realidad diaria.

Pues lo mismo con los marcianos.


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Por Fin
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