Aunque Pedro Sánchez se pase todo el día con su aburrido discurso sobre todo lo que está haciendo por nosotros para que la actual situación económica resulte más llevadera, lo cierto es que no lo resulta. Las medidas del Gobierno pagadas con nuestros impuestos no están funcionando.
Y ya que los españoles no estamos dispuestos a utilizar el sentido común para entender que cualquier ayuda, subvención, salario mínimo o "paguita" concedida por la gracia del presidente, se está pagando con nuestro dinero o a crédito, lo que significa que la pagaremos más adelante añadiendo los intereses, tal vez sea el momento de plantearnos si no es, precisamente, el momento de organizarlo todo de nuevo.
Tanto el PSOE como el PP saben que no pueden hacer nada para acabar con una realidad incuestionable: que un grupo de privilegiados, que financia a ambos partidos, hace su agosto cada vez que surge una crisis inventada, como esta y como las anteriores.
Obviamente ni socialistas ni populares van a morder la mano que les da de comer, aunque el momento al que hemos llegado apunta más a un cambio de ciclo que a una adaptación.
Todos vemos y sabemos que las medidas adoptadas por el Gobierno para hacer más llevadera la situación económica a las familias más vulnerables son inmediatamente absorbidas por esos grandes agentes económicos que, como bien dijo Yolanda Díaz esta semana, “se están forrando” a costa de la necesidad de la gente.
Los modelos económicos tienen su plazo de caducidad, y al igual que el comunismo, el socialismo o incluso el capitalismo puro, tuvieron su tiempo de aplicación, hubo un momento en que quedaron obsoletos y, por tanto, inútiles para resolver los problemas reales a los que se enfrentaba la sociedad. La misma historia los descartó y los enterró.
Quizá el falso dogma neoliberal al que todos servimos, tampoco sirve ya para solucionar los problemas de las personas.
La avaricia de esos grandes de las finanzas, el someter todo servicio o producto esencial y básico a la especulación con el único ánimo de que muy pocos ganen mucho a costa de muchos, deja ya a demasiada gente en el arcén y, por su propia dinámica, resulta autodestructivo y está condenado a morir. Da igual cuánto especules para subir el Euribor si las condiciones que establece la banca hacen imposible a una familia media pedir una hipoteca. No importa al precio que pongas la electricidad o la gasolina si la gente no puede pagarla.
No es que la "mano invisible" de Adam Smith no sea una buena herramienta para regular el libre mercado, el problema es que este mercado no es libre, es medieval, una oligarquía de la que se benefician cuatro a costa de distribuir miseria entre la inmensa mayoría de la población.
Un sistema económico así no puede sobrevivir y por mucho que el Gobierno esté inventando estupideces para controlar los precios de cosas esenciales, el esfuerzo solo está sirviendo para hacer más ricos a esos grandes capitales que financian nuestro corrupto sistema político de partidos.
No queda mucho para que el PSOE, el PP y los que financian su obediencia comprendan que el mundo es redondo y que no hay más consumidores ni más fuerza productiva que la que hay en él.
Aunque por su estupidez necesitarán más tiempo del normal, políticos y financiadores terminarán aceptando que hay que organizarlo todo de nuevo.
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