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Por Fin
Por Fin
Lunes, 3 de Octubre de 2022

Ya a cierta distancia del elecciones generales italianas celebradas el pasado día 25, es un buen momento para tratar de hacer algunas reflexiones en frío sobre la arrolladora victoria del partido Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, a la que muchas formaciones políticas europeas, con tanta arrogancia como falta de honestidad, insisten en calificar de “extrema derecha”.

Ya en su primer discurso del pasado sábado, Meloni planteó retos que su Gobierno tendrá que resolver, aportando para hacerlo soluciones que suenan mucho más a extrema izquierda que a derecha y, sobre todo, que suenan mucho más a sentido común.

La futura presidenta se refirió a la necesidad de redistribuir eficazmente la riqueza del país ante una imparable concentración que, al igual que sucede en España, ha sido facilitada por un sistema político corrupto de partidos tanto de izquierda como conservadores -derecha moderada si se prefiere-, creado para empobrecer a la mayoría en beneficio de la privilegiada minoría que financia esa corrupción.

Meloni también habló de acabar con la especulación en el mercado energético como único remedio para poner fin a los actuales abusos de los que la guerra de Ucrania sirve más como coartada que como realidad, abandonando la actual dinámica de subsidiar con dinero público el enriquecimiento de los oligarcas europeos.

Además defendió que los poderes públicos vuelvan a tomar las riendas de sectores y servicios esenciales, restando poder a ese libremercado que no lo es, en el que unos pocos acumulan tanto poder económico como para comprar al poder político y, por tanto, vaciar de contenido el derecho de sufragio universal.

Ninguna de esas recetas suena a ultraderecha sino a todo lo contrario.

Los partidos que se autocalifican como “demócratas” por oposición a esa temible “extrema derecha” con la que amenazan cada día a los europeos como si los hunos volvieran a estar a las puertas de Roma, solo esconden el temor que les despierta el ver que el corrupto sistema que han creado está tocando a su fin.

Las Melonis y los Santiagos Abascal no surgen porque sí, sino que lo hacen porque los que estaban en el poder no han cumplido el encargo que les hizo la ciudadanía, y sucumbieron a lo que siempre acabó con todos los imperios de la historia: la arrogancia de los gobernantes, la falta de honestidad y la ineptitud.

Estos partidos a los que se califica de “extrema derecha” como un insulto, son solo el producto del castigo del voto ciudadano a esas oligarquías económicas y políticas que no cumplieron.

A día de hoy no sabemos si la aparición de formaciones como Hermanos de Italia o Vox será buena o mala, lo que sí está claro es que es el natural resultado que surge del poder ejercido por incompetentes y por corruptos.


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