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Martes, 13 de Julio de 2021

Como es habitual, Occidente se ha lanzado en tromba a pedirle al régimen cubano que respete el derecho de los ciudadanos a manifestarse a pesar de no tener ni puñetera idea de lo que está pasando en el país. Si es que está pasando algo que Estados Unidos no haya creado o incentivado volviendo a cometer el ya conocido “error afgano”.

Cuando ni tan siquiera han terminado de salir corriendo con el rabo entre las piernas de Afganistán, los norteamericanos ya se están pegando golpes en el pecho por las manifestaciones en La Habana y, por supuesto, exigiendo, con el apoyo del habitual servilismo europeo, el respeto a los mismos derechos humanos que nosotros, los occidentales, no respetamos.

A estas alturas del siglo XXI, cuando todas las líneas rojas se están moviendo a marchas forzadas con la coartada de la pandemia, lo de ponerse en plan digno a exigirle al régimen cubano que cumpla lo que nosotros no cumplimos, resulta casi ridículo.

No podemos, ni debemos, olvidar que ese país está sometido desde casi siempre a un régimen internacional de sanciones dirigido a machacar a la población para lograr que el descontento provoque un alzamiento. De hecho, todas las sanciones van dirigidas a ese fin: hacer pasar hambre a la gente para que se alce contra los dirigentes sin que los que imponemos esas sanciones tengamos que arriesgar la vida de nuestros soldados.

Tampoco es casualidad que Estados Unidos, en su papel de sheriff déspota del cotarro, castigue a cualquier empresa que se atreva a saltarse sus sanciones. Y si eso no es chantaje, se le parece mucho.

La Unión Europea, con su habitual falta de coherencia, se ha lanzado a la “cruzada” por la libertad en Cuba, olvidando que somos la misma UE, empezando por la España de Aznar, que no tenía inconveniente en servir de puente aéreo a los secuestros de supuestos yihadistas por todo el mundo que terminaban en las cárceles secreta de la CIA o en la prisión de Guantánamo, precisamente en Cuba, sin que jamás se les haya acusado de nada, sin que nunca vieran a un abogado y aún menos a un juez.

No es que el régimen de La Habana sea o no sea dictatorial o despótico, no es que los cubanos no tengan derecho a quejarse, lo que, con toda seguridad, sí es es el hecho de que no somos nadie para dar lecciones a nadie.

Y como muy acertadamente observó un general canadiense de la OTAN cuando cometimos la estupidez de invadir Irak porque sí, no te plantees conquistar un país si al día siguiente no sabes qué vas a hacer con él.


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