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Lunes, 28 de Junio de 2021

Ya son más de 700 los contagios provocados por un solo brote en la fiesta de estudiantes celebrada en Mallorca, mientras Reino Unido, Portugal e Italia dan marcha atrás en sus desescaladas ante la progresión de positivos por la cepa India o Delta, mientras en España han empezado a repuntar el número de contagiados. Sin embargo, nada parece suficiente para que nuestros gobernantes actúen con sentido común.

Parece que alguien ha puesto a toda España en “modo verano” y ningún representante de ninguna administración es capaz hoy de levantar el dedo para preguntar si es este el mejor momento de transmitir ese mensaje de que ya podemos relajarnos que nos están enviando todos los representantes políticos.

Hace unos pocos días, una sonriente ministra de Sanidad, a la que deberíamos rebautizar como "Antoñita la Fantástica", anunciaba la desaparición de las mascarillas en exteriores y descargaba sobre los hombros de los ciudadanos la responsabilidad de evaluar, en base a su propio sentido común, qué concentración humana era necesaria para ponerse o quitarse la mascarilla en la calle.

Resulta irónico que gobernantes sin sentido común pidan a los gobernados que hagan uso del mismo.

Los indicios no pueden ser más claros, la vecina Portugal está en una situación crítica, lo que inevitablemente significa que la incidencia volverá a cruzar la frontera. Israel, el único país que ya tiene prácticamente la inmunidad de rebaño, no ha llegado a estar una semana sin mascarillas y se ha visto obligada a volver a imponerlas por los rebrotes de la cepa India, lo que indica que lo de las vacunas no es tan infalible como nos venden.

Sobre Gibraltar, ni hablamos. Con toda la población vacunada, también ve aumentar imparable el número de infectados.

Entretanto, en España seguimos ciegos, con todas las administraciones mirando hacia el turista internacional, esperando el regreso del maná de los pobres, que es en realidad el turismo como sector económico con un valor añadido insignificante, como acertadamente dijo el ministro de Consumo, Alberto Garzón.

Es cierto que no es el momento de ponernos a replantearnos nuestro modelo económico. Llevamos toda la vida haciéndolo mal, podemos seguir así hasta que pase la pandemia, si pasa.

Insistimos en rogarle a Downing Street que permita a los británicos viajar a España este verano a pesar de que ha sido en Mallorca, el único territorio al que Londres permite viajar a sus ciudadanos, donde se ha producido el supercontagio de estudiantes irresponsables con la colaboración necesaria de padres irresponsables, empresarios irresponsables y gobernantes irresponsables.

Por suerte, parece que los políticos británicos tienen bastante más sentido común que los nuestros y siguen desaconsejando viajar a nuestro país.

En Marbella, como no podía ser de otra forma, el Gobierno local sigue dócilmente la senda abierta por las administraciones superiores, aunque conduzca al precipicio. En una autonomía, provincia y ciudad con incidencias más que preocupantes, la alcaldesa de Marbella insiste en asegurar que estamos preparados para recibir a los turistas. No, no lo estamos. Ni podemos ofrecer una temporada con "garantías y seguridad". Nadie en ningún destino turístico puede hacerlo.

El objetivo de poner en marcha de nuevo la economía ha cegado otra vez a nuestros responsables políticos a pesar de que esta variante India o Delta, mucho más resistente a las vacunas, insista en darles collejas para recordarles que pertenece a un virus muy bien diseñado que siempre nos hace un quiebro cuando creemos tener una forma de vencerlo.

Y eso que todavía el COVID no ha mostrado todas sus armas.


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