Es verdad que lo que le faltó a Pedro Sánchez después del paseíllo con Joe Biden ayer en Bruselas fue levantar la montera ofreciendo la faena al respetable, pero tampoco hay que exagerar por el daño que lo forzado de la situación pudo causar a la imagen internacional de España. A lo que queda de ella.
Con la que está cayendo, no tiene demasiada importancia otro pequeño ridículo de nuestro presidente del Gobierno, que parecía estar vendiéndole a Biden un Rolex falso en la Gran Vía más que hablando de esas cuestiones estratégicas tan fundamentales que dijo haberle planteado al presidente norteamericano en tiempo récord.
Desde luego, si Sánchez le comentó todos esos temas que asegura en los famosos 50 segundos de paseíllo, y con la avanzada edad del norteamericano, lo raro es que los Estados Unidos no nos declarara la guerra por coñazos.
Aunque lo más probable es que la culpa de la torpeza de provocar una situación tan artificial, sea más de nuestro inexistente Ministerio de Asuntos Exteriores que de Presidencia del Gobierno. Hay que reconocer que, desde que comenzó la legislatura, la titular de la cartera, Arancha González Laya, es la ministra ausente. Al igual que lo es nuestra política exterior, nuestra presencia exterior y nuestro peso en el exterior. La verdad es que esta mujer resultaría más útil teletrabajando desde casa.
Por otro lado es evidente que el presidente Biden no tiene a España como una de sus prioridades, sencillamente porque no lo somos. Y eso no es necesariamente negativo para nosotros.
Con la cantidad de frentes que le ha dejado abiertos Donald Trump, el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha empezado a apagar los fuegos más importantes; el de los aranceles a productos europeos no es uno de ellos.
Nosotros somos un simple conato de incendio que Biden ha sofocado suspendiendo temporalmente esa “guerra arancelaria” provocada por el conflicto entre Boeing y Airbus. Es previsible que lo resolverá cuando toque. Ayer un periodista le preguntó en Bruselas sobre los aranceles al acero europeo y el presidente norteamericano le respondió, “dame un respiro”. Pues eso.
Sin embargo, también hay que reconocer que los partidos de la oposición en nuestro país parecen existir para interpretar “La venganza de Don Mendo”, sobreactuando y convirtiendo en tragedia cualquier gilipollez.
Lo del paseíllo no fue un ridículo internacional que socava la imagen de España más de lo que ya lo está; fue una simple metedura de pata de los encargados de protocolo o de quien organizara esa encuentro tan estúpido. Bastante más preocupante es que Pablo Casado, el líder del principal partido de la oposición, asegure que los casos de corrupción en su partido, que apuntan a un problema estructural, no son cosa suya. No hay que olvidar que podría llegar a ser en el futuro presidente del Gobierno. Cosas más raras se han visto.
Por suerte, además, el actual Gobierno vive la política en clave nacional, su principal objetivo no es la proyección mundial sino la supervivencia, y eso hace que nos pasemos el día mirándonos el ombligo, algo acentuado por los confinamientos nacionales en todo el planeta.
Hay que verlo por el lado positivo, lo bueno que tiene ser irrelevantes en la esfera internacional es que muy poca gente se da cuenta de nuestras meteduras de pata. Además, en Estados Unidos saben muy poco de toros.
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