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Lunes, 10 de Mayo de 2021

Quizá, con la excusa de la pandemia, habría sido más apropiado lo de suspender la celebración ayer del Día de Europa, bien hasta que pase la actual crisis sanitaria o bien hasta que exista la Europa que se celebra, si es que eso llega a suceder.

Lo cierto es que, con el espectáculo de “sálvese quien pueda” ofrecido por los países miembros de la UE ante la emergencia del COVID y, sobre todo, con lo del acopio de vacunas en plan bucanero, los homenajes, gestos, conciertos, himnos y demás shows políticamente correctos que vimos ayer resultan, cuando menos, inapropiados, cuando no directamente cómicos.

Y, al igual que hacen siempre las múltiples y carísimas instituciones europeas con sus diferentes plagas de eurofuncionarios y otros eurocargos tan generosamente retribuidos como privilegiados a costa de nuestros impuestos, ayer se repitieron las declaraciones estúpidas, las chorradas institucionales, los foros, conferencias, iniciativas, planes y otros eventos consistentes en repetir cada año las mismas declaraciones de buenas intenciones que jamás llegan a materializarse.

Y como en cualquier buen show, todo escenificado sobre fastuosos escenarios, también pagados con nuestros impuestos, el objetivo es que la representación, por su grandilocuencia gráfica, confunda al público que mira desde el patio de butacas y le haga olvidar, como pasa con las buenas pelis en el cine, que solo están viendo un espectáculo de ficción, una mentira en definitiva.

La única realidad es que la Unión Europea es cada año socialmente más injusta, económicamente más desigual, financieramente más inmoral, políticamente más corrupta e institucionalmente más inepta.

La Europa que celebramos cada 9 de mayo, no solo sigue sin existir sino que, además, cada año está más lejos.

Sin embargo, la otra Europa, la real, la que nos han impuesto, que no es otra que la del carísimo zoco moruno en el que manda esa oligarquía económica y financiera a la que las instituciones europeas y sus empleados sirven como cualquier leal cortesano que logra sentarse a la mesa del rey, no solo ha logrado acabar con el espíritu de la Europa social, justa, democrática y solidaria con la que nació la idea en 1950, sino que también ha conseguido que cada vez más europeos pierdan la esperanza en ella.

No es casualidad que los británicos, que históricamente entienden bastante de navegación, hayan sido los primeros en abandonar el barco.

Si había algo que conmemorar ayer no era el Día de Europa sino el fracaso del sueño de Europa.


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