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El primo europeo

Editorial

Miércoles, 27 de Enero de 2021

A la versión oficial que insiste en fabricar dogmas de fe en torno a la pandemia, con reiterativos mensajes mediáticos para demostrar la enorme solidaridad surgida entre la población frente a tanta adversidad, se ha sumado ahora la versión Disney de como todos los países, juntos de la mano, nos repartiremos las vacunas con equidad, justicia y unas cuantas sandeces más.

Lo de que las farmacéuticas que las fabrican puedan estar vendiéndolas al mejor postor sin importar las obligaciones contractuales contraídas podría interpretarse, para no salirse de esa versión oficial, como la excepción que confirma la regla, o tal vez como un lapsus de estas grandes empresas que se confundieron de dirección a la hora de remitir varios cientos de millones de dosis y le dieron al transportista un domicilio equivocado en Israel o en el mismo Reino Unido, en lugar de enviarlas a Europa.

Algunas de estas farmacéuticas a las que la Unión Europea ha financiado las investigaciones adelantándoles miles de millones de euros de nuestros impuestos para el desarrollo y producción de esas vacunas, aseguran que no es cierto que estén vendiendo de tapadillo las dosis que ya no son suyas, lo que en el Derecho Penal de la mayoría de los países se considera un fraude de libro de texto. Sin embargo, lo cierto es que, en el caso de Israel, la impresionante velocidad de vacunación en el país -la mayor del mundo-, nos permite aventurar que no andan cortos de dosis, sin que conste de dónde han sacado tantas tan deprisa.

Otra farmacéutica reconoce que le ha dado preferencia a Reino Unido por estar sus laboratorios en suelo británico.

Dando igual quién sea el comprador, lo que sí queda claro es que la Unión Europea carece de respeto político a nivel internacional y que, cuando se trata de que alguien haga el papel de primo en un timo de la estampita, tenemos todas las papeletas.

Tal vez sea por la debilidad endémica que muestran nuestros representantes políticos en Bruselas, que solo parecen capaces de colocarse ante un atril con la banderita de las estrellitas amarillas, para manifestar lo indignados que estamos y que no aceptamos que nos tomen el pelo mientras no hacemos nada para evitarlo.

Si al Gobierno israelí le tomaran el pelo de esa forma, en vez de manifestar su enérgica protesta, enviaría un comando del Mossad para “convencer” a los directivos de las farmacéuticas de que esas cosas no se hacen. Y si no lo entendieran, seguro que se lo "explicarían" también a sus familias, a sus mascotas y a quien se pusiera por delante.

El lado bueno de este nuevo episodio que, a pesar del dogma oficial de fe, vuelve a demostrar la vileza humana ante la adversidad, es que quizá los españoles, al final, resultemos ser europeos.

Al menos tenemos en común con Europa la debilidad de nuestros gobernantes.


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