Pablo Iglesias parece empeñado en demostrar que lo que tiene con Pedro Sánchez no es una coalición de Gobierno sino un Gobierno “paralelo”, bicéfalo, con dos presidencias que aplican líneas políticas diferentes sobre el mismo país. Lo que inevitablemente produce el efecto de que los españoles ya no tengamos ni idea de lo que quiere o pretende el Gobierno.
Lo de la jornada semanal de cuatro días y la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) son los dos nuevos caballos de batalla de los podemitas que forman parte del Ejecutivo de Pedro Sánchez. En realidad, un nuevo ariete con el que el vicepresidente y también "presidente paralelo", Pablo Iglesias, vuelve a golpear a un cada vez más tambaleante Sánchez.
Parece cantado que, tan pronto como logre la aprobación definitiva de los Presupuestos Generales, el socialista romperá la coalición y mandará a todos los de Podemos de vuelta a los "Mundos de Yuppi" del 15-M. Si bien, hasta entonces, el Gobierno de verdad tendrá que seguir lidiando con las ocurrencias de Iglesias.
Desde luego, lo de subir algo el miserable salario mínimo que tenemos en España es absolutamente necesario, pero no en este momento, cuando la mayor parte de las empresas están con el agua al cuello. Menos aún es el momento de proponer trabajar menos horas.
En un país como el nuestro, donde la productividad es de chiste y la competitividad es todavía más cómica, con la crisis que ya estamos padeciendo y una caída del PIB que terminará rondando el 13%, lo de proponer reducir la semana laboral a cuatro días no es ni tan siquiera una mala idea. Es una estupidez.
Iglesias y sus ministros deberían leerse el texto completo y no solo los titulares antes de lanzar propuestas que, como en este caso, son auténticas chorradas.
La reducción de la semana laboral es una hipótesis de trabajo que tiene ya bastantes años, y que fue formulada en relación a la cantidad de empleo que llegará a destruir la sobrevalorada digitalización y la aplicación de la inteligencia artificial a los procesos productivos. No puede lanzarse como iniciativa en un momento como el actual solo para que el "presidente paralelo" finja más progresía izquierdista.
Algo parecido pasa con el Salario Mínimo Interprofesional. Está bien, para cuando podamos pagarlo. Ahora, no.
No obstante, y aunque sean menos vistosas para el votante progre, hay alternativas mucho más eficaces y que provocan menos daños colaterales para los agente sociales, que pasan por actuar vía incentivos empresariales al empleo, como son rebajas en las cotizaciones o reducción de la presión fiscal.
Y, sobre todo, está esa tercera opción que ni podemitas ni socialistas están dispuestos a contemplar a pesar de su progresía, consistente en dejar de machacar a las clases medias con impuestos indirectos, los que más castigan a los que menos tienen.
En toda esta teatral escenificación, son el Gobierno de verdad y el "paralelo" los únicos que no están dispuestos a apretarse el cinturón.
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