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Por Fin
Jueves, 10 de Diciembre de 2020

Es interesante ver que incluso en un día como el de hoy, cuando el Ejecutivo de Pedro Sánchez logra su venganza sobre el enemigo muerto que es el general Franco, al privar a su familia del Pazo de Meirás, nadie en ese puzle de Gobierno haya visto ni un atisbo de similitud con el guirigay político que fue la Segunda República y el consiguiente desastre militar que llevó a la inevitable derrota frente a los golpistas liderados por Franco.

Hasta el aburrimiento las veces que han repetido hoy la entrega de las llaves del pazo que queda ahora bajo la custodia del Estado, con esa exultante vicepresidenta Carmen Calvo que parece vicepresidir por la Universidad a Distancia y solo aparece ante los medios cuando se trata de anunciar otro estúpido intento de reescribir la historia.

Extrañamente, apenas son un puñado los pertenecientes a esa “progresía” que vivieron aquellos años en los que la República no habría necesitado a un Franco para acabar consigo misma, con unas caóticas fuerzas armadas de múltiple pelaje que emplearon más tiempo y esfuerzo en matarse entre ellos que en combatir a los rebeldes. Estos, dirigidos por militares profesionales, inevitablemente barrieron a los encuadrados bajo la bandera de la República. Y ello a pesar de que Carmen Calvo pretenda reinterpretar la historia, olvidando que no está escrita a lápiz y que no hay goma capaz de borrarla.

Por el contrario, y paradójicamente, la obcecación oficial con la dictadura, en una España cada vez más empobrecida y atrasada, convierte al Gobierno de Pedro Sánchez en el principal propagandista del “caudillo”, a quien seguro que los progresistas habrían deseado fusilar antes de volver a enterrarlo, por si acaso.

Lo mejor es que, el que Pablo Iglesias y Podemos estén constituyendo un ejecutivo nacional paralelo al de Pedro Sánchez con su propia agenda política y sus propios objetivos, mientras catalanes y vascos hacen lo propio participando en el Gobierno de un país al que desean destruir, recuerda mucho a aquella caótica Segunda República, cuando las ambiciones personales de políticos que, sin ser tan mediocres como los actuales, tendieron a los militares golpistas una alfombra roja para imponer su orden.

Desde luego, la actual coalición liderada por Sánchez, sus complejos de inferioridad y sus históricos rencores, están siendo la mejor campaña electoral para partidos como Vox, que solo parecen estar esperando a ver pasar el cadáver de su enemigo.

Al menos, esperemos que cuando llegue el momento de recuperar lo robado por socialistas y populares en los numerosos casos de corrupción, este Gobierno “progresista” ponga tanto empeño como en lo del pazo.

A los millones de españoles que acabamos a fin de mes como podemos, nos vendrían mucho mejor los cientos de millones de dinero público que el PSOE de Griñán y Chaves "despistaron" en los EREs andaluces que un caserón en Galicia.


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