No es bueno que el Gobierno se acostumbre a solucionar los problemas utilizando herramientas legales excepcionales y, además, cargando sobre las espaldas de terceros el trabajo que le corresponde. La aprobación hoy de un nuevo estado de alarma, ahora por medio año, no es tranquilizador en absoluto.
En Occidente, los sistemas calificados como democráticos suelen proveer al gobernante de instrumentos poco democráticos para hacer frente a situaciones que, por su excepcionalidad, gravedad o emergencia, no pueden resolverse con los medios normales que estos sistemas ponen a disposición del Ejecutivo.
Se trata de unos “superpoderes” que permiten a un presidente de Gobierno actuar con especial celeridad e intensidad para resolver el problema en cuestión, pero muy limitados siempre temporalmente y sujetos a un constante control judicial y/o parlamentario.
El problema es que es bastante fácil que los gobernantes se acomoden a hacer su trabajo abusando de esos “superpoderes”. Normalmente, al que ha probado a vivir como Superman, le suele costar una barbaridad volver a hacerlo como cualquier vulgar mortal.
Y con la declaración hoy de ese nuevo "macroestado" de alarma de medio año, nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, parece propenso a caer en la tendencia a vivir como Superman, acomodado a gobernar sin que ni la oposición ni los ciudadanos le molestemos demasiado. Los primeros, forzados por las constantes conminaciones a la “razón de Estado”, los segundos porque cada vez somos más irrelevantes ante una clase política a la que el coronavirus ha otorgado la coartada perfecta para un suave cambio de régimen que nos aleja aún más del concepto de democracia.
Pero Sánchez es, además, un Superman que no cuenta con las virtudes de la diligencia y de la eficacia, por lo que, aun con “superpoderes”, carga la responsabilidad de salvar el planeta sobre las espaldas de las administraciones inferiores y de los ciudadanos, a cuya responsabilidad vuelve a apelar cuando las llamas llegan ya al tejado.
De esta forma, si acierta y se soluciona el tema, puede erigirse como el líder que nos sacó del problema y, si la cosa no sale bien, y no va a salir bien, puede culpar a otras administraciones, a las que él entregó los medios y el mando, y a la irresponsabilidad de la gente como culpables del desastre.
El estado de alarma con un confinamiento descafeinado por tramos horarios no va a funcionar y el Gobierno lo sabe. Si Sánchez quiere seis meses de privación de libertades es porque espera que en ese tiempo la vacuna esté lo suficientemente extendida como para empezar a ver algo de luz.
Al fin y al cabo, Superman es solo un personaje de ficción.
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