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Esto no es "Star Wars"

Editorial

Domingo, 11 de Octubre de 2020

El ADN tira, incluso el ideológico, por eso casi hay que aplaudir al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por dejar de fingir y recuperar las formas absolutistas que son históricamente consustanciales a la izquierda política.

Superado el lapsus del “cogobierno” con las autonomías y aceptando ya que izquierda y progresismo no son sinónimos, Sánchez se descubre como quien naturalmente pretende llegar a ser: un líder unipersonal de izquierdas que, al igual que le sucedió a Stalin, suple la falta de carisma con el ejercicio despótico del poder. Al menos en lo que respecta a aquellos cuyo apoyo no precisa para mantenerse en el poder.

Por ello, lo de imponer en la Comunidad de Madrid el estado de alarma, con unos modos que no tienen nada que envidiar a los del general Franco, no debe molestar ni ofender a nadie.

La ideología de izquierdas, la de verdad, no el socialismo liberal del siglo XX que ni es socialismo ni es liberal sino un simple neocapitalismo acomplejado, no “cogobierna”. Históricamente nunca ha compartido el poder, muy al contrario, lo acumula en un sujeto y lo personaliza hasta el extremo de falsear la preeminencia del Estado. El personalismo absolutista del líder devora el concepto de lo público hasta convertirse en la personificación de ese Estado: la revolución cubana fue Fidel, al igual que la República Popular China fue Mao.

Podemos, como formación que asume un izquierdismo más radical, se va quitando la careta de su pretendida naturaleza democrática y, cada vez con menos complejos, acepta la sumisión al liderazgo unipersonal y absoluto de un Pablo Iglesias que hasta va copiando el look de Lenin. Aquellos que en Podemos han intentado que se discuta ese liderazgo han sido apartados, como le ha pasado a Íñigo Errejón.

La verdad es que todos los líderes absolutistas tienen sus propios cadáveres en el armario. Recuerden a Susana Díaz o bien a Cayetana Álvarez de Toledo, la última “ejecutada al amanecer”, en este caso por el PP.

Porque, siendo justos, el despotismo de izquierdas no es excepcional. En la otra parte, en la derecha, no se encuentran los “buenos”. Esto no es “La Guerra de las Galaxias” donde se enfrentan las fuerzas de la luz y de la oscuridad.

La llamada derecha también ha adolecido históricamente de lo mismo, solo que su desarrollo se asoció desde la Revolución Industrial al poder económico, al capital. El poder en la derecha de hoy, los mal llamados conservadores, se ha diluido en el sector financiero del que parasita.

A cambio, lo político renuncia a parte de la soberanía que le otorgan los votos en beneficio de esos agentes económicos a los que sirve por un precio. Por eso, el principal problema de la derecha contemporánea no es su despotismo sino la corrupción.

La corrupción política, en realidad, no es más que el precio que lo político recibe de lo financiero a cambio de permitir que los agentes económicos más relevantes ejerzan de forma fáctica un poder despótico sobre la población a pesar de no haber sido votados.

Como ven no se trata de una batalla épica entre Yoda y Darth Vader, sino de una guerra sucia entre Darth Vader y Darth Vader en la que los ciudadanos somos, como mucho, las espadas láser, que son las que reciben todos los golpes.


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