Aun siendo cierto que a lo largo de esta corta democracia nunca hemos disfrutado de un Gobierno realmente brillante, también lo es que tampoco nos habíamos visto sometidos a uno que gobernase a golpe de ocurrencias, con tanta inseguridad y debilidad que no toma decisión alguna sin el previo lanzamiento de globos sonda.
Porque la última ocurrencia, la de congelar el sueldo de los funcionarios en respuesta a la negativa del Congreso a permitirle que disponga de los superávits municipales, no es más que eso, otro lanzar la piedra y esconder la mano para ver qué pasa.
En poco más de 24 horas, diferentes ministros se han pronunciado de modo totalmente opuesto en relación a la medida que pretendería cargar sobre las nóminas de los empleados públicos, de todos lo empleados públicos, esa parte de la factura del covid que no van a pagar los ayuntamientos. Para Nadia Calviño, la medida es necesaria, para Carmen Calvo, impensable y para José Luis Escrivá es posible, pero no, aunque tal vez un poco que sí.
Y siendo cierto que nadie puede acusar a Pedro Sánchez de ser un maestro en la coordinación de equipos, en algunos casos, el caos existente en las decisiones de este Gobierno no es fruto de la falta de cohesión y de dirección, sino de la debilidad y de la cobardía a la hora de gobernar.
Utilizando a los miembros del Gobierno, el presidente lanza así globos sonda que miden la respuesta ciudadana. Si los sindicatos de los empleados públicos transigen, la medida terminará aplicándose; si montan el follón, aparecerá un carismático presidente del Gobierno que descartará tal opción, ganándose el favor de los empleados públicos al único precio de haber quemado un poco más a varios de sus ministros. Aunque, a decir verdad, tampoco es una gran pérdida.
Sin embargo, la idea de poner una medida tan impopular sobre la mesa indica lo que ya todos sospechábamos: que la factura del coronavirus la van a pagar las nóminas, los autónomos y las pymes, que son, por cierto, los menos beneficiados en el reparto de esas cantidades multimillonarias que continúan saliendo del Banco Central Europeo (BCE) y de los demás organismos financieros nacionales e internacionales, y que siempre terminan su recorrido en la gran banca comercial sin llegar nunca a aquellos a los que va destinada.
Imagínense que nosotros, los de a pie, también pudiéramos acudir al BCE a pedir dinero a interés cero, como hace la banca. Superaríamos esta crisis a pesar del Gobierno.
La pandemia se ha convertido en lo que fue la burbuja inmobiliaria: una carísima jornada de realización de beneficios que vamos a pagar los pringados de siempre a los mismos de siempre.
Quién le iba a decir a los “progres” de Podemos que iban a estar de tú a tú con la misma oligarquía parasitaria que provocó su nacimiento.
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