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Miércoles, 2 de Septiembre de 2020

En lo de combatir la pandemia, nuestro Gobierno parece empeñado en demostrar que el refrán que dice que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra” se queda corto, muy corto. Siendo conscientes de que la “vuelta al cole” va a ser una fiesta de contagios, Pedro Sánchez está dando todos los pasos necesarios para que el actual rebrote de casos vuelva a convertirse en tragedia.

Al igual que advertimos en su momento de que el caótico y acelerado desconfinamiento para intentar salvar la insalvable temporada turística iba a pasarnos factura, como está sucediendo, ahora repetimos la jugada con el tema del nuevo curso escolar y universitario, aunque, en esta ocasión, los resultados serán mucho más graves, tanto en contagios como en fallecimientos.

El galimatías de protocolos contra el covid-19 en los centros educativos que han diseñado administraciones de todo pelaje, coinciden esencialmente en dos cosas: son tan estúpidos como inútiles. Parece mentira que después de haber metido la pata hasta el fondo con la chorrada de los “sellos” y “certificados” para intentar convencer a los turistas de que se le pueden poner puertas al campo, sigamos pringando en lo mismo.

Y aún sorprende la escasa beligerancia, nula en realidad, de los padres, que parecen dispuestos a enviar a sus hijos al matadero en que se van a convertir los colegios, no tanto para los niños como para los adultos con los que convivan. ¿Pero quién con dos dedos de frente puede creer que se va a lograr que unos críos cumplan las farragosas medidas higiénicas y de distanciamiento cuando no somos capaces de hacerlo los adultos?

Al igual que fue la perentoriedad económica la que llevó a los gobernantes de todas las administraciones a conducirnos al desastre que se ha producido este verano en materia turística y a la pérdida del aval de confianza que tenía España como destino seguro, ahora los mismos torpes van camino de repetir los mismo errores.

Si las administraciones públicas vuelven a poner la mirada únicamente en los padres como sujetos productivos y vacas fiscales a las que ordeñar, veremos en poco más de un mes la multiplicación de las cadenas de trasmisión y los centros educativos irán cerrando, cayendo como fichas de dominó, con niños y padres condenados al confinamiento fáctico al que obliga la educación telemática. Al igual que ha pasado este verano, la factura será mayor que los beneficios que obtendremos.

El covid-19 ha sido diseñado, sobre todo, para empobrecernos económicamente, no hace falta que le ayudemos cometiendo más estupideces.


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