Lo de empezar este espacio con el “ya lo advertimos” resulta tan cansino como repetitivo, por lo que vamos a pasar por alto que lo de la nueva oleada de contagios era tan previsible que solo las administraciones públicas se negaron a aceptar este segundo episodio de “nueva normalidad” que ya estamos padeciendo.
Y si la forma de realizar el desconfinamiento, con todas aquellas prisas y medidas estúpidas de pretendida seguridad sanitaria, ya fue una torpeza digna de figurar en una placa sobre la mesa del presidente del Gobierno, de los autonómicos y de los alcaldes de este país, el acelerado proceso inverso que han comenzado las administraciones para intentar romper las nuevas cadenas de contagios, resultaría cómico de no tratarse de un asunto tan serio.
Si en su momento fue una sandez el pretender salvar turísticamente el verano, cosa que no hemos conseguido, al precio de arriesgar en salud, lo de volver a un confinamiento fáctico a través de cada vez mas prohibiciones y soterradas amputaciones parciales de derechos fundamentales, no va a servir para nada en absoluto y no terminará con esa segunda oleada de contagios.
La carrera que han comenzado los gobiernos autonómicos para ver quién prohíbe más a sus ciudadanos está llevando a medidas tan ridículas, e inconstitucionales, como la de una comunidad que prohíbe comer en el transporte público, la que prohíbe fumar sin distancia de seguridad y que, en realidad, oculta una prohibición total de hacerlo en la vía pública, y la reina de las majaderías y de las ilegalidades, que es el uso de la mascarilla obligatoriamente en todo momento, con o sin distancia de seguridad.
Se están utilizando leyes de sanidad pública para acabar con derechos fundamentales y, lo que es más grave, se hace intencionadamente para que algunos de esos excesos permanezcan en el futuro, con o sin coronavirus.
La clase política, haciendo gala de su tradicional ineptitud y de una impresionante falta de sentido común, promete repetir estupidez y pretende mantener en marcha a partir de septiembre la España productiva recortando derechos individuales y entrometiéndose en la esfera privada del ciudadano.
Además, en el colmo de la insensatez, mantiene su intención de una "vuelta al cole" presencial, que es una bomba de relojería como factor de diseminación del virus. Ya les adelantamos que los políticos volverán a meter la pata y que los colegios se cerrarán, aunque será cuando ya los contagios estén desbocados y volvamos a llenar estadios con ataúdes mientras nuestros ineptos gobernantes se señalan unos a otros.
Para no terminar este espacio dando solo malas noticias, ofrecer una receta para intentar controlar la propagación del virus: mascarillas en espacios cerrados o en lugares/momentos de grandes concentraciones humanas, distancia de seguridad a respetar como dogma religioso, reducir los contactos a nuestro entorno habitual y realizar todas las actividades posibles al aire libre -empezando por las clases-, al menos hasta que el invierno lo impida.
Y para completar esta “receta” hasta que aparezca la solución farmacéutica definitiva, otras dos buenas medidas serían la de empezar a votar a políticos competentes y, la segunda, pedirle al Gobierno chino que nos cuente la verdad.
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