Cumpliéndose hoy el 75 aniversario de las explosiones de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, no es el mejor momento para defender algo que, sin embargo, es económicamente incuestionable: ese futuro ecológico y sostenible del que tanto hablan los mismos gobernantes que no hacen nada serio al respecto, no es eléctrico sino nuclear.
En esta sociedad que los humanos nos hemos creado, plena de gestos, símbolos y modas, a la vez tan vacías de realidad como de sentido común, esa apuesta de la mayor parte de los gobiernos occidentales por lo eléctrico, especialmente en el sector de la movilidad, es una falacia.
Que la industria del automóvil realice el giro de 180º para abandonar en un plazo récord los combustibles fósiles y abrazar la sostenibilidad medioambiental del motor eléctrico, dependerá únicamente de cuánto dinero público están dispuestas a invertir las administraciones para sostener artificialmente trastos insostenibles que, además, no producen “cero emisiones” como se pretende vender.
Las baterías de litio y cualesquiera otras, son enormemente contaminantes, difíciles de reciclar y, sobre todo, muy poco eficientes energéticamente: se gastan muy rápido y se cargan muy lento, son caras, poco longevas y, por el momento, los puntos de recarga son absolutamente insuficientes.
Sin un combustible viable, el motor eléctrico tiene poco que hacer, incluso subvencionado.
Por el contrario, con toda su mala fama, la energía nuclear es con diferencia la que mejor relación de calidad-precio presenta, es la más segura y apenas contamina.
Es cierto que, cuando se produce un accidente, las consecuencias son devastadoras, pero si atendemos a la frialdad de los números, es la energía que menos víctimas ha provocado en la Historia de la Humanidad.
No se trata de ponerle a cada coche una pastilla de uranio enriquecido, sino de invertir más, mucho más, en investigación para desarrollar modelos de reactor cada vez más fiables, seguros, estables y pequeños.
Empezar por las grandes industrias que aún funcionan con fósiles, puede ser un primer paso. Alcoa dice que se va de España por el precio de la energía eléctrica. Es algo que invita a reflexionar.
El simple hecho de que estemos enviando cohetes al espacio utilizando decenas de miles de litros de combustibles fósiles altamente contaminantes, solo para salir de la atmósfera, también invita a esa reflexión sobre la necesidad de afrontar la urgencia de replantearnos el modelo energético superando, de una vez por todas, las frívolas modas de lo políticamente correcto.
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