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Lunes, 3 de Agosto de 2020

"De perdidos, al río" es la línea de actuación que parece querer seguir el Gobierno en lo que se refiere a reducir el número de rebrotes por coronavirus. Al evidente nuevo desborde que va camino de producirse en materia sanitaria, la respuesta es sencilla: gastarnos otro montón de millones de euros en crear una nueva secretaría de Estado.

Este anuncio de que será ahora el Ministerio de Sanidad el que cuente con otra de estas carísimas secretarías en las que colocar a otro puñado de cargos de confianza y amiguetes cercanos al partido, parece confirmar que, en realidad, no fue Pedro Sánchez el que estuvo hace unos días en el Consejo Europeo, cuando se aprobó ese fondo de reconstrucción de 750.000 millones.

Probablemente fue un clon de nuestro presidente, tal vez un muñeco hinchable que La Moncloa utiliza para reuniones peñazo o cuando la presencia física de nuestro carismático líder resulta innecesaria dado el irrelevante peso político de nuestros gobiernos -en plural- en Europa.

De otra forma no se entiende que Sánchez no recibiera el mensaje de las autoridades de Bruselas y, sobre todo, de los llamados países frugales: no se fían de nosotros y no van a soltar un euro mientras no justifiquemos que se va a gastar en lo acordado.

Además, son constantes, casi tradicionales a estas alturas, las llamadas de atención de las diferentes autoridades monetarias internacionales a nuestros políticos por el exagerado gasto público y por el carísimo gigantismo del entramado administrativo. A lo que este Gobierno, endeudado hasta las cejas, responde aumentando en otro montón de millones el gasto público al crear otra secretaría de Estado, ahora para Sanidad.

La coartada es que hace falta otro alto cargo, con sueldo y demás prestaciones de alto cargo, para frenar la pandemia. Justo en el momento en el que los nuevos rebrotes van camino de convertirse, inexorablemente, en esa segunda oleada que estallará a principios de septiembre, cuando lo críos vuelvan, o debían volver, a las aulas.

Tanto a nivel local como autonómico y nacional, los representantes públicos están ignorando deliberadamente la realidad; mirando hacia otro lado ante el progresivo repunte de los casos, esperando salvar algo del mes de agosto antes de que alguien se dé cuenta de que el agua nos llega a la cintura y grite “¡nos hundimos!”.

En nuestro caso concreto, en Marbella, basta ver la velocidad y el número de contagios que los datos oficiales de la Junta señalan, para darnos cuenta de que se está inundando la sala de máquinas. Hasta tal punto que eventos veraniegos como los conciertos de Starlite, comienzan a recordar a los músicos del Titanic.

Pero no se preocupen demasiado, en unos días tendremos otro carísimo secretario de Estado.


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