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Por Fin
Miércoles, 22 de Julio de 2020

Lo sorprendente del acuerdo alcanzado ayer en el Consejo de Europa no es el contenido del mismo, que solo supone un éxito, relativo por cierto, para los llamados “países frugales”, sino el acuerdo en sí mismo, que ha sido adoptado “in extremis” ante la alternativa de salir con las manos vacías y reconocerle a los europeos que esto no funciona.

Porque, a pesar de el sobreactuado tono de satisfacción de todos los mandatarios europeos, empezando por el nuestro, lo cierto es que el contenido del acuerdo no es, como dijo Pedro Sánchez, un “plan Marshall”, sino un nuevo rescate multimillonario que tendremos que devolver los ciudadanos.

En el caso español, recibiremos unos 140.000 millones, algo más de la mitad a fondo perdido y unos 70.000 millones como créditos. Esto, y aquí empieza la letra pequeña que no menciona Sánchez, en seis años y solo para invertir en determinados objetivos relacionados con las cansinas metas de la digitalización, la sostenibilidad medioambiental y la formación de alumnos y de trabajadores. Además, los proyectos serán sometidos a la previa aprobación de Bruselas por mayoría.

Hay que admitir, no obstante, que habida cuenta de que todo lo que sea financiación pública en este país sigue siendo una merienda de negros, el que exista un control europeo, tranquiliza.

En cuanto a los otros 70.000 millones, los que supuestamente son a fondo perdido, en realidad no lo son. Los 27 han acordado por primera vez en su historia endeudar a la UE para coger ese dinero de los inversores privados, de los especuladores en realidad. Los mandatarios europeos han presentado esta mutualización de la deuda como un “éxito”, un hito en el proceso de unificación europea a través de la unificación fiscal.

Lo cierto es que plantear el endeudamiento comunitario como un éxito es una sandez digna de figurar en algún record Guinness a la estupidez. Que los países menos ricos -y más caóticos- de la Unión Europea arrastremos a los miembros más solventes y a la misma UE, no parece motivo para celebrar nada.

Por otro lado, caer en manos de la banca y de los fondos buitre, que es lo que va a suceder, acabará con la poca independencia que le quedaba a la Unión Europea, empeorará la distribución de la renta comunitaria haciéndola aún más injusta, aumentará los niveles de pobreza y someterá la maltrecha soberanía europea al despotismo de "los mercados", a los prestamistas, como sucede con el Gobierno español y el Ibex35.

Y por si alguien no lo había notado, esa deuda también la pagaremos durante décadas todos los ciudadanos, y con intereses.

En este acuerdo no hay un solo euro a fondo perdido.

Una cosa más, los 750.000 millones del fondo de recuperación que la UE invertirá en 6 años son absolutamente insuficientes para recomponer el daño económico provocado por la pandemia.


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