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Domingo, 19 de Julio de 2020

Todo parece indicar que, en esta ocasión, las cosas saldrán como parecen y que el Consejo Europeo terminará, no en fracaso como están diciendo muchos de los grandes medios de comunicación españoles, sino con el resultado normal y previsible que cualquiera con sentido común ya tiene asumido.

No es que Holanda, capitaneando a los llamados “países frugales” tenga nada contra nosotros, ni que pretenda arruinarnos al impedir el acuerdo sobre los famosos 750.000 millones de euros en ayudas dentro del plan de reconstrucción. En realidad, Holanda lo que intenta evitar es seguir tirando dinero a la basura o, al menos, que lo hagan sus contribuyentes.

Debemos intentar ser mínimamente objetivos y admitir que, vista desde fuera, España ofrece imagen de cualquier menos de credibilidad.

Imaginen si les pedimos a los gobiernos más estirados de la UE que nos entreguen a fondo perdido un montón de cientos de miles de millones de euros, mientras el ciudadano medio de cualquiera de esos países está viendo en la tele que nuestro anterior rey ha estado trincando todo lo que ha podido, mientras su hijo intenta hacernos creer que él jamás ha visto al emérito desnudo, los políticos no quieren hablar del tema, la familia Pujol se convierte en banda organizada tras estar décadas recaudando el 3% de las contrataciones públicas, la fiscal general es la exministra de Justicia, los máximos representantes del Poder Judicial son elegidos de acuerdo con un sistema de zoco moruno establecido entre los dos grandes partidos, el vicepresidente del Gobierno está pringado en un extraño asunto con un comisario corrupto sobre un teléfono desaparecido y, un presidente que, al hablar, parece estar gobernando Disneylandia y no España. La verdad es que el currículum no invita a ningún país mínimamente serio a regalarnos un solo euro.

Ahora mismo, en el Consejo de Europa, somos la república bananera de la Unión Europea (UE),  incluso más que Italia, país en el que, incluso existiendo sectores económicos completos controlados por el crimen organizado, existe al menos un mínimo orden, mafioso, pero orden.

Esos países “frugales” no se equivocan, nuestra clase política no es de fiar y como tantas veces hemos repetido en este espacio, nuestro principal problema, casi el único, es la existencia de una corrupción institucionalizada y comúnmente aceptada, incluso por la opinión pública.

Lo malo es que lo que Holanda está exigiendo a Pedro Sánchez no es seriedad y honestidad, sino que garantice que hará lo necesario para pasarle la factura de este nuevo chanchullo europeo a los pringados de siempre, a los ciudadanos.

Aunque también es verdad que si de lo que se trata es de empezar a hacer las cosas bien, sería también el momento idóneo para obligar a Holanda, Irlanda y Luxemburgo a cumplir con las normas europeas en materia de impuestos y dejar de ser los paraísos fiscales de la UE. Puestos a pedir imposibles, tampoco importa uno más uno menos.


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