Una lástima que Nadia Calviño se haya quedado a un solo voto de presidir el Eurogrupo. Una de las ministras más preparada, coherente, mesurada y reflexiva que tiene el Gobierno, y que ha visto cómo se le escapaba el cargo de entre los dedos por la “traición” de alguno de sus colegas que ya le había comprometido su apoyo.
El hecho de que, finalmente, haya sido elegido para el cargo el titular irlandés de Finanzas, Paschal Donohoe, es bastante indicativo de cómo nos ven, quizá mejor de cómo nos miran, la mayoría de nuestros supuestos socios europeos y, lo que es más importante, del espíritu de bazar moruno que reina en el Eurogrupo.
No hay que olvidar que Irlanda, junto a Holanda y Luxemburgo son los “paraísos fiscales” de la UE y de que, sorprendentemente, el resto de Europa les permite que jueguen sucio en materia de régimen fiscal al ofrecer a las grandes corporaciones planetarias una presión fiscal reducida que, sin embargo, los demás socios comunitarios tenemos prohibido establecer en nuestros respectivos países.
No obstante, es verdad que la Presidencia del Eurogrupo solo es importante cuando el país del candidato lo es, por lo que si Calviño hubiera ganado, su labor habría estado lastrada por la debilidad del Gobierno del que forma parte, a la vez que la habríamos perdido como vicepresidenta tercera, ministra de Asuntos Económicos y como uno de los pocos contrapesos a las insensateces que maquina el también vicepresidente Pablo Iglesias.
Lo que es aún mejor, por el momento el presidente Pedro Sánchez no logra aparcarla en Bruselas, que es donde los mal llamados “líderes” de los partidos políticos españoles exilian a aquellos que pueden hacerles sombra o, como segunda opción, a aquellos a los que hay que recolocar sin tocar demasiado sus privilegios hasta poder volver a darles cargo en nuestra corte de Parasitolandia.
Y al igual que ha pasado con varias mujeres brillantes del PP y a pesar de tanto rasgarse las vestiduras por la igualdad de oportunidades independientemente del sexo, las viejas costumbres no se pierden.
Porque una cosa es permitirles manifestarse el 8-M, darles una subvenciones aquí o allá, y hasta aprobarles un marco jurídico a medida que trata a las mujeres como a una especie de colectivo de disminuidos, discriminándolas "positivamente", y otra muy diferente es permitirles que, de verdad, accedan al lugar adecuado de acuerdo con su capacidad. Nuestra igualdad es de cartón piedra.
O de verdad nadie se ha preguntado por qué, con todo lo progre y demócratas que son nuestros partidos políticos, ninguno ha presentado nunca una candidata a la Presidencia del Gobierno, mientras nos obligan a tener que elegir cada cuatro años entre dos hombres que, además de simples títeres, suelen ser ineptos.
La España de siempre no ha muerto, solo se ha dejado coleta.
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