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El problema no está en la Constitución

Editorial

Jueves, 9 de Julio de 2020

Con su habitual precipitación y falta de reflexión,el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha planteado la necesidad de repensar la inviolabilidad e irresponsabilidad de la figura del jefe del Estado en la Constitución. Como todos sabemos, se trata de otro capítulo del “sálvese quien pueda” tras el follón que se ha montado con el rey Emérito.

Si Sánchez se hubiera entretenido en leerse los artículos del texto constitucional que se refieren a la Corona, vería que el asunto puede ser más preocupante de lo que parece, pues el último responsable de los actos del rey es el presidente del Gobierno.

No es cierto, como plantean muchas veces nuestros políticos demostrando una absoluta ignorancia sobre la Constitución, que el rey, como jefe del Estado, pueda hacer lo que le dé la gana sin que nadie pueda pedirle responsabilidades. La irresponsabilidad e inviolabilidad del art. 56.3 de la Carta Magna, aparecen condicionadas en ese mismo artículo : “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65, 2”.

Y el 64 señala al presidente del Gobierno y a los ministros competentes -en su caso- como encargados de refrendar los actos del rey, adjudicándoles también a esos miembros del Gobierno (art. 64.2) la responsabilidad sobre los mismos.

Cada vez que pasa algo en este país, Pedro Sánchez pretende solucionarlo amenazando con reformar lo que funciona.

El problema no es que el jefe del Estado pueda actuar sin control, el problema es que ni el presidente ni los ministros están cumpliendo con esa labor de auditoría de la actuación real a través del refrendo previsto en la Constitución.

Lo que en realidad está planteando hoy la oligarquía política española es si admitir, de una puñetera vez, que el rey Emérito va desnudo, para después seguir sin aceptar que su hijo, el actual rey, también lo está.

Los chanchullos de Juan Carlos se saben desde hace décadas, pero los medios de comunicación no teníamos libertad para publicarlo y los partidos políticos no querían verlo.

Que tanto Sánchez como Casado abandonen a su suerte ahora al Emérito para proteger al monarca que está en activo por haberse desvinculado de su padre, solo es admitir que vamos a cambiar de rey desnudo.

Objetivamente planteado, pretender hacer creer al ciudadano que el actual jefe del Estado no sabía nada de lo que hacía su padre a pesar de que era un secreto a voces en toda España, es calificarle directamente de inepto para el cargo.

Claro que siempre es mejor que reconocer que sí lo sabía, lo cual lo convertiría en corrupto.

El problema no está en la Constitución.


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