Estados Unidos, incluso con el desmadre que tiene con la pandemia, no ha perdido la capacidad de transformar cualquier rifirrafe político en un guión de cine capaz de ser convertido en un éxito de taquilla para la siguiente edición de los Oscar.
La exclusiva de The New York Times de que los rusos pagaron a los talibanes para que mataran a soldados norteamericanos en Afganistán, y de que la CIA habría informado de ello al presidente Trump, se ha convertido en el último episodio "hollywoodiense" de la precampaña electoral.
Tanto que está logrando desinflar las protestas pretendidamente antirracistas por la muerte del afroamericano Floyd a manos de la Policía.
Lo cierto es que, viéndolo desde este lado del océano, con nuestra pragmática mente europea, muchos nos preguntamos qué tiene de especial que Rusia financie a los talibanes para vencer a los americanos en Afganistán. Eso es lo que se hace en cualquier guerra. Fue precisamente la CIA la que armó, financió y entrenó a los muyahidin afganos para que se enfrentaran, y al final derrotaran, a los rusos después de 10 años de un conflicto de brutalidad inigualable.
Moscú no olvida que fueron los misiles norteamericanos de corto alcance tierra-aire Stinger los que acabaron con su su superioridad aérea, en realidad impunidad aérea, provocando el vuelco en el conflicto.
Es lógico que Vladimir Putin, en base al principio de "ojo por ojo", esté ahora devolviendo "el favor" a los norteamericanos.
El hecho de que se entregue dinero a los talibanes, armas, víveres o solo entrenamiento, no supone especificidad alguna sobre la realidad histórica de que los grandes libran sus guerras a través de los pequeños. Los africanos, que sobre ese tema tienen bastante experiencia, hasta tienen un refrán que dice que “cuando los elefantes pelean, es la hierba de la sabana la que queda pisoteada”.
Da igual la forma de apoyo, es el simple hecho lo que convierte al que te apoya en coautor en la muerte de soldados del bando contrario. Todos estamos jugando a eso hoy en Siria y ayer lo hicimos en Libia, sin contar con los numerosísimos ejemplos de conflictos en los que todas las potencias se han enfrentado a través de enemigos interpuestos.
Sorprende incluso que se tengan que utilizar los recursos de la CIA para informar al presidente de los EEUU de algo tan obvio, y aún sorprende más que esa chorrada pueda convertirse en una exclusiva periodística y en un escándalo político.
Sería interesante saber cómo cree el ciudadano medio norteamericano que los talibanes van a ganar -de hecho, ya han ganado- una guerra a la mayor potencia militar de la Historia y a sus socios de la OTAN.
Impresionante el infantilismo de la polémica.
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