Previendo hoy el Fondo Monetario Internacional que la caída de nuestro PIB rozará el 13% -muy lejos de ese ocho y pico por ciento esperado- y tras oír la recomendación realizada esta mañana por el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández, de cargarle de nuevo la factura de la crisis a los pringados subiendo el IVA, la gran pregunta que merece la opinión pública es, ¿qué esperaban?
Tanto el Gobierno central como los autonómicos y hasta las administraciones locales, están haciendo un concurso de popularidad para ver quién compra más votos otorgando ayudas, subvenciones y créditos a los diferentes sectores económicos con cargo al endeudamiento de los ciudadanos.
A la llamada de la opulencia del erario público han respondido todos los sectores económicos lloriqueando sus desgracias ante cámaras y micrófonos para lograr arañar algo de este plan Marshall europeo que no es tal. Porque esta pasta hay que devolverla, toda y con medidas de ajuste.
En realidad, la inmensa mayoría de las medidas económicas orquestadas para incentivar a los sectores productivos tras el estado de alarma -por ceñirnos a España- no son ayudas, sino un aumento de la deuda de todos esos empresarios y autónomos que ya están comprobando que 3 mensualidades atrasada de las cuotas de la Seguridad Social o del famoso crédito ICO, pesan tres veces más, y hunden tres veces más, que una sola mensualidad.
Nuestros gobernantes, todos, están engañando a los actores de la economía nacional y, en consecuencia, a ellos mismos. Retrasar los pagos o pagar crédito con crédito no supone más que cavar más profundo para enterrar al pequeño y mediano negocio. Sobre todo cuando la mayor parte de los instrumentos económicos para esta farsa de “recuperación” vuelven a ponerse en manos de una banca nacional que es únicamente conocida por su capacidad parasitaria.
No es por casualidad que desde que comenzó el estado de alarma la riqueza nacional se haya concentrado más en menos manos, a la vez que se disparaba nuestro ya disparatado índice de pobreza.
Lo que a su vez es totalmente consecuente con las recomendaciones del gobernador del Banco de España de pasarle la factura a lo que queda de la clase media española a través de la fiscalidad indirecta, sobre todo subiendo el IVA.
La campaña promocional del Gobierno dice que de esta crisis saldremos más fuertes. No es cierto, de esto saldremos con un país aún más injusto y con un nivel de corrupción aún mayor.
¿Qué esperaban?
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