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Domingo, 14 de Junio de 2020

Aunque el doctor Simón no lo ha confirmado, parece que el coronavirus también contagia la estupidez, porque sin duda está aumentando entre la población en progresión inversa a la evolución de la pandemia. Más aún, hasta apunta a que la necedad se contagia a un nivel más agresivo que el puñetero Covid-19.

Porque resulta difícil hallar otra explicación a las extrañas reacciones entre la ciudadanía por la violencia policial en Norteamérica contra ciudadanos de color. Un suceso que ha provocado una especie de "yihadismo antirracista" en el que numerosos manifestantes por todo el mundo parecen haberse hecho conscientes de un día para otro de lo que lleva sucediendo en Estados Unidos desde siempre.
Y lo mejor no es la lenta asunción de esa conciencia que tenemos como rebaño, sino la enorme cantidad de sandeces colectivas que está provocando la muerte de otro más de los ciudadanos negros norteamericanos a manos de la policía de aquel país.

Porque solo la trágica torpeza de aquellos agentes impide que la reacción popular se convierta en motivo de risa. Empezando por la destrucción de imágenes de personajes históricos en diferentes puntos del planeta a los que una panda de majaderos pretende juzgar siglos después por vivir de acuerdo a la época que les tocó vivir.

Es poco probable que los que hoy están derribando estatuas se hayan planteado que, en el futuro, sus nietos o bisnietos se sorprenderán del primitivismo y la ignorancia de sus antepasados por los acontecimientos que estamos viviendo.

Hace pocas horas ha muerto otro ciudadano afroamericano en Estados Unidos tras resistirse a la detención en el aparcamiento de un restaurante de comida rápida y arrebatar una pistola taser a uno de los agentes. Pero lo realmente sorprendente es que la respuesta popular ha consistido en quemar el restaurante. Quizá por tener parking, o tal vez la comida no era buena y han aprovechado las circunstancias.

Y hay que admitir que no solo el populacho, al que históricamente hay que aplicar la eximente incompleta del borreguismo, parece haber sido contagiado por la estupidez que trasmite esta nueva pandemia: HBO ha retirado “Lo que el viento se llevó” de su plataforma hasta que pueda explicarle a la gente que no se puede ver una película rodada en 1939 con los prejuicios de 2020, a riesgo de que también acaben metiéndole fuego a los cines. Hasta hay gobiernos occidentales que se plantean cambios legislativos para satisfacer la sed de sangre del populacho contra cualquier vestigio de racismo, algunos de ellos cómicos, caso de Alemania, que estudia suprimir la palabra “raza” de su Constitución. Y en el acartonado mundillo de Hollywood se autocritican por no dar más Oscars a los profesionales negros y se plantean que eso cambie porque sí. Lo que, por cierto, rezuma la condescendencia del supremacismo blanco y el consecuente racismo galopante.

En fin los criadores de cerdo ibérico tendrán que plantearse si dejar de hablar de pata negra para evitar terminar linchados o en la cárcel.

A pesar de que la pandemia que aún estamos sufriendo en todo el planeta debería habernos hecho más reflexivos y coherentes, somos aún más estúpidos que hace medio millón de muertos.

"Lo que el viento se llevó" puede ser ahora un título adecuado para un remake actualizado y adaptado al alarde de ignorancia y de frivolidad al que nos somete esta fingida corrección política.


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