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Lunes, 8 de Junio de 2020

Los humanos somos una especie extraña, en el sentido de peculiar; llevamos meses señalando con el dedo a uno y a otro por permitir que se celebrara la manifestación feminista del 8-M a pesar de la amenaza del coronavirus, mientras el pasado fin de semana semana aplaudimos las mismas manifestaciones, ahora presuntamente antirracistas.

Si algo demuestran las imágenes que hemos visto esta semana de gente agolpada en diferentes puntos de la geografía española es que la conciencia social y la estupidez son compatibles.

Y hay que reconocer que el fenómeno no es únicamente nacional. En la actual situación de pandemia, este fin de semana hemos visto concentraciones similares en diferentes puntos del planeta en protesta por la violenta muerte de un ciudadano de color a manos de la Policía de Mineápolis (EEUU).

Lo curioso es que los policías norteamericanos matan anualmente a más de mil personas, las tres cuartas partes de esas víctimas son negros, sin que estos número hayan provocado antes un arrebato popular similar, aún menos mundial. Si este súbito ataque de conciencia social se hubiera producido algunos años antes, tal vez no solo se habría logrado salvar la vida de muchos cientos de afroamericanos, sino que también se habría conseguido sin poner en riesgo la salud pública internacional.

En medio de una pandemia no suele ser el mejor momento para que nadie se haga consciente de lo injusto que es lo que lleva sucediendo toda la vida, y menos aún para organizar actividades de rebaño destinadas a acallar conciencias que volverán a quedar dormidas cuando la artificial corrección política decida que rasgarse las vestiduras por el racismo o por los abusos policiales, o por ambos, ha dejado de ser trending topic.

Y para rizar el rizo de la estupidez, en algunos sitios hasta han derribado estatuas de personajes históricos porque fueron esclavistas, racistas o lo que tercie. Parece que la conciencia social también casa con la ignorancia.

Si nos ponemos a echar abajo cualquier vestigio de personajes históricos porque fueron esto o aquello, tendríamos que eliminar la asignatura de Historia de los programas educativos.

Pretender someter a César, a los Reyes Católicos, a Napoleón o al general confederado Robert E. Lee al examen de los vacuos principios de la corrección política del siglo XXI supera en estupidez a lo de acudir a manifestaciones multitudinarias.


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