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Por Fin
Martes, 26 de Mayo de 2020

En su errático día a día, nuestro Gobierno parece haber caído en aquello que tantas veces nos advierte: que esto no ha terminado y que el virus sigue ahí, esperando la oportunidad de dar un nuevo zarpazo. Y parece que realmente anhelamos que esto suceda.

La debilidad institucional parece también otro coronavirus y se contagia de ese Gobierno débil a un presidente débil que, a su vez, la contagia a unas instituciones públicas a las que la debilidad va comiendo hasta el punto de que pierden la credibilidad, la confianza del ciudadano e, inevitablemente, la autoridad.

En ese proceso se encuentra un Ministerio de Sanidad al que las indecisiones y continuos cambios de estrategia impuestos a golpe de criterios de supervivencia política condenarán durante bastantes años a esa pérdida de confianza, tanto nacional como internacional.

Si el presidente Pedro Sánchez comenzó esta pandemia planteando una rígida línea en la lucha contra el Covid-19, sometiendo, manu militari y de una día para otro, al confinamiento a todo el país, ese arrebato de autoridad, a pesar de haber funcionado con eficacia frente a la pandemia, ya se ha agotado.

En esta segunda fase de su particular desescalamiento, Sánchez ha vuelto a ser el que era. Cede ante casi cualquiera que le levante la voz y que haga tambalear una Presidencia tan vulnerable que puede caer al más mínimo golpe de aire.

Ha cedido ante Pablo Iglesias en todo lo que le ha exigido, incluso en un ingreso mínimo vital que no sabemos cómo vamos a pagar; cedió ante los nacionalistas vascos en sus exigencias, ante Bildu en las suyas, ante los agentes sociales cuando clamaron por el anuncio de anulación unilateral de la reforma laboral. Claudicó inmediatamente ante Francia en lo del confinamiento de los turistas extranjeros; ante las comunidades autónomas en los ritmos y formas del proceso de desconfinamiento.

Ya hasta lanza globos sonda sobre la posibilidad de que determinados territorios se salten ese proceso de desescalada, mientras promete al sector turismo una temporada de verano que no puede prometer.

Hoy mismo la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ciertamente tampoco ha brillado por su acierto en esta pandemia, ha advertido de que estamos solo ante la primera mitad del primer zarpazo del coronavirus, y de que no será ni el último ni el peor.

Es el Gobierno el que hoy está poniendo en peligro todo lo conseguido al precipitar el desconfinamiento. Y es Pedro Sánchez el que provocará un nuevo estallido epidemiológico solo por asegurarse la permanencia en el poder.

Aunque hay que reconocer que ver de nuevo al presidente haciendo lo indecible para salvar su propio trasero, suena a normalidad, aunque no sea nueva.


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