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Por Fin
Por Fin
Martes, 12 de Mayo de 2020

Se equivoca el presidente andaluz, se equivocan los empresarios de Marbella y se equivoca también la alcaldesa al pretender forzar al Gobierno central a declarar a la provincia de Málaga en Fase 1 sin estar preparados para ello. El riesgo es demasiado alto y el precio de otra metedura de pata, inimaginable.

Son ridículas las constantes insinuaciones de Moreno Bonilla y de otros representantes del PP apuntando a que son motivos de ideología política los que llevan a Pedro Sánchez a impedir la desescalada de Málaga y de Granada. También lo son los comentarios en el mismo sentido que realiza Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.

Es el Estado, el ciudadano en realidad a golpe de impuestos, el que va a pagar la enorme deuda que estamos creando y es el Gobierno socialista de Pedro Sánchez el que se va a ver desgastado por la ruina económica que se nos viene encima. Pretender trasmitir al ciudadano que el presidente del Gobierno aplica un sesgo ideológico para evitar que los territorios que votan al PP levanten cabeza es tan estúpido que ni tan siquiera es irresponsable.

Quienes se rasgan ahora las vestiduras porque Málaga no ha pasado a esa Fase 1, están demasiado cegados para apreciar que la amenaza sanitaria ni tan siquiera se ha alejado. Y demasiado obcecados calculando pérdidas en euros para sentarse y ver lo que está pasando en esos otros lugares que comenzaron la desescalada hace ya algunas semanas.

Corea del Sur, país que fue ejemplo de eficacia en la lucha contra el coronavirus, ha experimentado un nuevo brote en Seúl por los contagios, que podrían ser hasta 3.000, que ha provocado un solo infectado en una sola noche en una zona de copas de la ciudad.

En Alemania, otro país modélico en esto de sortear pandemias, se ha doblado en poco más de 24 horas el número de fallecimientos y la canciller Merkel tiene el dedo puesto sobre el botón rojo para volver al confinamiento.

Teniendo en cuenta el índice inicial de contagios en la Costa del Sol, la gran conectividad de la provincia, la enorme movilidad de buena parte de la población y la concentración demográfica en los municipios turísticos, precipitar la desescalada es jugar a la ruleta rusa con un revolver cargado con 5 de sus 6 balas.

Si, además, tenemos en cuenta, como vemos todos los días en la tele, que no somos capaces de cumplir las normas ni cuando salimos a hacer deporte o a pasear, lo de pretender forzar al Gobierno a declararnos en Fase 1, es lo mejor que puede hacer el empresariado de la Costa del Sol para culminar su suicidio económico.

Haciendo ahora las cosas, no bien, sino muy bien, es posible, solo posible, que logremos salvar algo de la temporada turística.

Pero si la precipitación provoca, como es previsible, un nuevo brote a mediados de junio, nos podemos olvidar de ver a un turista hasta la próxima Semana Santa. Al menos los empresarios que para entonces no hayan quebrado.

Eso si entrar a calcular cuantos cadáveres más añadiremos a la cuenta.


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