Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content
Sábado, 9 de Mayo de 2020

Suena a rabieta infantil la insistencia de los principales partidos de la oposición y de algunos cargos autonómicos en que se conozcan los nombres de los expertos que deciden qué territorios pasan de fase en el tortuoso proceso de desescalada.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, solo dijo ayer que se trataba de funcionarios, sin desvelar específicamente quiénes eran y qué puestos ocupaban. Algo que todos los que se quejan saben que es lo lógico a pesar de que insistan ahora en invocar una Ley de Transparencia sometida a una interpretación interesada.

Todos sabemos que, de llegarse a conocer los nombres de esos técnicos, y probablemente termine pasando, serían sometidos a otro de esos tribunales de mezquinos que siempre se constituyen en nuestro país cuando se trata de condenar, sí o sí, a cualquier hijo de vecino.

La “instrucción” de ese procedimiento inquisitorial, tan arraigado en nuestra historia, consistiría en una minuciosa labor para desacreditar a esos técnicos, buscándoles el más mínimo ápice de relación con uno u otro partido, grado de consanguinidad con personajes públicos y aireando cualquier asunto de su vida personal que permita poner en duda su idoneidad o competencia para así demostrar la ineptitud del Gobierno ante la crisis.

Por supuesto, todo ello acompañado de la inevitable campaña en redes sociales para desacreditar, insultar, ridiculizar y amenazar a los que se consideraran de una u otra tendencia política o ideología.

En realidad, a los partidos de la oposición les importan un rábano los nombres de esos técnicos, son solo un instrumento para desgastar al poder. El que sea a coste de destruir las vidas de esas personas es algo que a los políticos les da igual. De hecho ni se lo han planteado.

Y la segunda parte de ese auto de fe tan español, sería someter a los que componen ese comité a las presiones necesarias para que cambien de criterio. Señalándoles como los que han hecho posible o imposible que determinado territorio pase de una fase a otra.

Someterlos así a la llamada “pena de telediario”, al aplauso o a las iras de los mismos que hoy salen a los balcones a aplaudir cuando se les ordena y luego se saltan todas las normas de seguridad, provocando nuevos brotes que seguirán infectando y matando a los mismos sanitarios a los que aplauden.

Los especialistas en esto de las epidemias hablan de “inmunidad de rebaño” cuando se alcanza un número amplio de gente que ha superado la enfermedad en una comunidad. En mezquindad, a pesar de lo generalizada que está, no logramos ese tipo de inmunización.


Comentarios potenciados por CComment