La endémica debilidad que acompaña al Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a pasarle factura y varias autonomías, crecidas ante la falta de carácter del presidente, apuntan ya a conatos de rebelión si no se les da más dinero y más poder para gestionar la vuelta a esa falsa “nueva normalidad”.
Como siempre sucede en los reinos donde impera la ley de la selva, caso de la política en España, la falta de determinación a la hora de silenciar los motines termina siempre en rebelión abierta y, como todos sabemos, pagar a un chantajista es la mejor forma de perpetuar la servidumbre.
Sánchez parecía ignorar ambas normas básicas al ofrecer, casi rogar, un “cogobierno” a las comunidades autónomas en el plan de desescalada. Un error más.
En esa, como en cualquier otra jungla, los depredadores ven en cualquier concesión un síntoma de debilidad, una prueba de que la pieza va perdiendo fuerza física y, por tanto, está más cerca de sucumbir.
Por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, autonomías gobernadas por la supuesta oposición constitucionalista, coinciden ahora con las secesionistas en el interés común de derrocar -lo del verbo no es casualidad- a este Gobierno.
Por poco que pueda gustar al PP, a Vox y a Ciudadanos, ahora van de la mano de esos mismos independentistas de los que tanto abominan y hasta en Andalucía, el presidente Moreno Bonilla, se pasa el día lanzándole pullazos a Madrid para lograr que esta pandemia, además de para arruinarnos, sirva para acercar a los conservadores a La Moncloa.
Obviamente, los secesionismos catalán y vasco son los que más están aprovechando la debilidad de Sánchez, con constantes y crecientes demandas de competencias, más autogestión y, sobre todo, más dinero de todos a fondo perdido que sea gestionado por cada una de las autonomías como mejor les parezca. Así lo exigió ayer ante los medios de comunicación el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès.
La necesidad que tiene Sánchez de esa nueva prórroga del estado de alarma le ha convertido en más rehén de lo que ya era y hasta esos tres partidos que se rasgan las vestiduras en defensa de la Constitución, van a pasarle factura al Gobierno a cambio de su apoyo.
Sin embargo, como tantas otras veces hemos advertido, la mayor parte de las autonomías han vuelto a olvidar que seguimos en guerra y han confundido el tener menos muertos con la victoria.
Ninguna guerra se gana con 17 generales dando órdenes por su cuenta a las respectivas unidades bajo su mando, menos aún cuando el principal objetivo de esos "generales" no es ganar la guerra sino asegurarse la reelección.
En todo este follón, el único que parece haber leído a Sun Tzu es el Covid-19. Al menos es el único que tiene claro el principio de “divide y vencerás”.
Comentarios potenciados por CComment