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Por Fin
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El golf puede y debe esperar

Editorial

Jueves, 23 de Abril de 2020

Era previsible que, abierta ligeramente la caja de Pandora con la relajación del confinamiento para los niños, pretendiera pasar por esa rendija el resto de la población y, lo que es más grave, de las administraciones públicas.

Nos estamos precipitando. Lo de los paseos de los menores es precipitado e imprudente; desde luego es lo menos imprudente que se puede hacer, pero verán como en unos pocos días logramos superarnos en estupidez y someter a nuestro errático Gobierno a la suficiente presión social como para forzar la relajación del estado de alarma para cosas tan peregrinas como hacer deporte.

Probablemente, los aficionados al ejercicio físico abominarán de que esta actividad pueda calificarse de peregrina, pero lo es cuando estamos luchando contra un virus que resulta sospechosamente eficaz para diezmar casi todas nuestras capacidades a la vez que elige anfitriones en los que se oculta sin ser detectado, principalmente en los menores, que se convierten así en lo que el otro día calificábamos como “caballos de Troya”, ahora dentro de nuestras propias casas.

Los pretendidos "paseos asépticos" de esos niños a la calle serán focos de trasmisión en muchos casos por la sencilla razón de que son niños y bastará un descuido del mayor que les acompaña para que la liemos.

Peor aún lo de pensar en otras actividades, y todavía menos hablar de lo que ya está pidiendo la Junta de Andalucía de ir abriendo la mano, con la meta puesta en salvar el verano de cara al turismo.

El presidente Moreno Bonilla, comprensiblemente acuciado por la catástrofe económica que se nos viene encima, también se está precipitando. Al igual que lo hace el sector del golf en Marbella y la misma alcaldesa de la ciudad cuando solicitan la reapertura de esta actividad.

Imprudencias innecesarias puesto que con las fronteras cerradas y con la movilidad limitada, el número de turistas que podemos recibir es insignificante.

Más aún, siendo Málaga la provincia andaluza con más positivos de Covid-19, las posibilidades de que el Gobierno central permitan trasiego de gente de un lado a otro de la autonomía es, gracias a Dios, más que improbable.

Seguimos sin ser conscientes de una realidad: esto no es una enfermedad, es una guerra. Y este enemigo no va a pedir armisticios ni va a aceptar una paz negociada. O lo destruimos de una vez por todas o se volverá a ocultar tras asintomáticos para contraatacar cuando menos lo esperemos.

El hecho de que este ataque haya sido accidental o premeditado es irrelevante en este momento.


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