El Gobierno se niega a escuchar las numerosas voces que le desaconsejan la vuelta esta semana a la actividad laboral en varios sectores económicos que, con toda probabilidad, provocará un nuevo repunte de contagios y que puede tirar por tierra el mes que vamos a cumplir de confinamiento.
Pedro Sánchez insistía el pasado jueves ante el Congreso en que la decisión de volver a ese estado de alarma menos intenso estaba avalada por el criterio de los profesionales y técnicos de la sanidad.
Incluso, en el “parte de guerra” de hoy viernes, la doctora María José Sierra, segunda de Fernando Simón y jefa de Área del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, apoyaba la medida; aunque matizaba una serie de condiciones y circunstancias que habrán de respetar quienes se reincorporen al trabajo para evitar otro desastre.
No obstante, la prudencia con la que se expresaba la doctora, junto al silencio al respecto del resto del sector sanitario, apunta a que esta imprudencia del Ejecutivo no cuenta con el aval científico que Pedro Sánchez aseguraba ayer jueves al Congreso.
Huele a que se trata de una decisión forzada por el desastre económico que ha provocado el coronavirus y a que han sido los números, en euros y no en vidas, lo que ha precipitado una decisión basada en razonamientos donde ha pesado más lo financiero que lo sanitario.
De hecho, no somos los únicos en cometer esta imprudencia. La mayor parte de los socios europeos y hasta los Estados Unidos, buscan cualquier atisbo en la curva de contagios y de fallecidos que permita justificar una vuelta a la actividad económica para no seguir cavando la tumba del déficit. Aun con el riesgo cierto de que volvamos a experimentar nuevos picos de infectados.
El hecho de que nuestro Gobierno no se haya planteado en absoluto relajar el estricto confinamiento del ciudadano, señala claramente que es la productividad y no el sentido común lo que condiciona la decisión oficial.
Los expertos han adaptado este error de la vuelta al trabajo a medidas de contención en las empresas con las que pretenden reducir el riesgo de lo inevitable pero, desde luego, no ha sido una decisión de los técnicos en sanidad sino en economía.
Hay dos formas de salir de esto: pobres o muertos. El Gobierno ha optado por la segunda.
Nos arrepentiremos.
Comentarios potenciados por CComment