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Jueves, 26 de Marzo de 2020

La mayoría de la ciudadanía española aún no puede creerse que la España del siglo XXI, la segunda nación con más kilómetros de alta velocidad del planeta, con una cobertura wi-fi que no tiene Alemania y pionera en el 5G a nivel planetario, sea incapaz de conseguir batas y mascarillas para el personal esencial que combate al coronavirus.

Toda la plantilla sanitaria del país, fuerzas de orden público y resto de trabajadores esenciales ven con impotencia e indignación como crece el número de infectados entre ellos, mientras el Gobierno de Pedro Sánchez parece seguir dándole palos al aire para conseguir ese material sanitario.

Sin embargo, se equivocan. El culpable no es el Gobierno o, mejor dicho, ni es el único culpable ni, en este caso, tenemos la cómoda salida de poder señalar a alguien con el dedo como responsable único y directo.

El Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general del Aire Miguel Ángel Villarroya, lo expresó con bastante claridad en una de las ruedas de prensa del Comité Técnico: Estamos librando una guerra contra un enemigo diferente, invisible, y todos somos soldados que combatimos con armas que no son de fuego, unos con su esfuerzo y nosotros, la mayoría, con su confinamiento.

Nuestra creciente calidad de vida durante los últimos cuarenta años nos ha convertido en ciudadanos acomodados, acostumbrados únicamente a las adversidades usuales de una vida normal y corriente.

Eso ha cambiado.

Durante la invasión de Irak, un marine le preguntó al entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, por qué muchos vehículos de transporte de tropas no estaban blindados. Rumsfeld le contestó que a la guerra se va con lo que se tiene, no con lo que no se tiene.

Quizá este es el punto que olvidan, y en el que se equivocan, esos representantes sindicales y ciudadanos que hoy están demandando ante los tribunales al Gobierno por no cumplir las normas de seguridad laboral.

Utilizar los instrumentos de tiempos de paz para lograr respuestas satisfactorias en tiempos de guerra, no funciona.

El personal sanitario, todo el personal esencial y los mismos ciudadanos, debemos asumir que estamos en las trincheras y estas son las armas que tenemos, no hay otras.

Y hay bajas, heridos y muertos, como en cualquier guerra. Y nuestros soldados, que son médicos, enfermeros, policías, militares y todos los demás, caen también por el fuego de un enemigo que nos dispara un virus.

El Gobierno de Pedro Sánchez puede ser culpable solo en la parte que le corresponde por ir dando bandazos ante una situación que es nueva para todos y ante la que va poniendo parches como puede.

Venir ahora a buscar responsabilidades en la clase política por haber desmontado buena parte de la sanidad pública, ni tiene sentido ni es justo. Hemos sido nosotros, los ciudadanos, los que elegimos a todos esos gobiernos del PP y del PSOE que han estado quitándole piezas durante años a ese chaleco antibalas que era nuestra sanidad. Ahora no podemos autoeximirnos de la responsabilidad de nuestras decisiones. Simplemente estamos pagando por ello.

A nadie se le ocurre en Siria pleitear contra Rusia cada vez que mata a un montón de civiles en un bombardeo. Así son las guerras, lo único que pasa es que a nosotros, a los españoles, ya se nos había olvidado o no las habíamos conocido.

Para la mayoría del país, este es su bautismo de fuego.


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