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Viernes, 20 de Marzo de 2020

Teniendo en cuenta que el Ayuntamiento parece estar de vacaciones desde que comenzó el estado de alarma dado que no hay noticia sobre actividad municipal alguna, es mejor permanecer en hibernación que salir a hacer estúpidas declaraciones sin sentido en las que nuestros gobernantes amenazan con darle puñetazos al aire.

El que el portavoz del Gobierno local, Félix Romero, amenazara hoy con que el Ayuntamiento emprendería acciones legales contra quienes difundan “bulos” sobre el coronavirus, solo deja en evidencia el temor de esos mismos gobernantes ante una situación que les supera ampliamente.

La amenaza, aunque inútil e irrelevante para ayudar a los residentes de esta ciudad ante la situación que nos encontramos, es al menos divertida para hacer más llevaderos estos eternos días de confinamiento.

Porque es interesante preguntarse en primer lugar qué es un bulo. Son miles las reflexiones en internet que apuntan a que es China precisamente el país más beneficiado por la pandemia. A que ha sido capaz de controlar con eficacia y rapidez el virus que exportó a todo el mundo y cuya existencia tardó un mes en comunicar a la Organización Mundial de la Salud, cuando ya el estallido se había desbordado. Fue China la que hizo callar al primer médico que advirtió de la aparición del Covid-19 que, además, hoy está muerto. Es además China la que ya ha empezado a poner en marcha su economía mientras las maltrechas empresas occidentales van camino de convertirse en saldos que puede comprar el mejor postor, en un planeta donde parece que solo habrá un postor.

¿Es este razonamiento un bulo? ¿Pleiteará nuestro Gobierno local contra una hipótesis perfectamente viable? Estar equivocado no es mentir y separarse de la verdad oficial, tampoco.

Todos recordamos como el poder público se negó a escuchar a aquellos que insistían en 2003 en que no había armas de destrucción masiva en Irak. En aquellos días,cuando José María Aznar se sentaba a la derecha de “Dios” Bush y afirmaba con solemnidad inquisitorial su convencimiento de la amenaza iraquí a pesar de que sabía que era mentira, cualquier hijo de vecino que osara disentir, o era un loco o un conspiranoico que no hacía otra cosa que propagar un bulo. Ni tan siquiera se le daba la oportunidad de ser un baazista convencido.

Ahora sabemos que la verdad oficial era el bulo y que quienes se atrevieron a cuestionar aquella estupidez de guerra tenían razón y decían la verdad. Aún hoy estamos pagando por el error de convertirnos en borregos. No volvamos a repetirlo.

Pregúntense, reflexionen, cuestionen, indaguen y duden. Si algo nos han demostrado nuestros gobernantes es que no son dignos de confianza.


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Por Fin