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Por Fin
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Contradicciones de latinos

Editorial

Lunes, 16 de Marzo de 2020

Al parecer los españoles estamos obedeciendo dócilmente cuantas decisiones están tomando las diferentes administraciones para acabar con la epidemia de coronavirus, a pesar de que a muchos nos inspire en absoluto confianza la precipitación y caótica urgencia con la que se están tomando medidas tan importantes como el estado de alarma.

De pronto, en menos de 48 horas, hemos pasado de una actitud prudente ante la enfermedad, a un pánico oficial que llevó al presidente del Gobierno a ordenar el inmediato confinamiento de la población en todo el país por un plazo que, aunque en principio es de 15 días, casi con toda seguridad llegará hasta bien entrado abril.

Todo ello ante esa ciudadanía obediente que veía como las medidas de cuarentena tomadas en diferentes autonomías no iban acompañadas de otras que impidieran la movilidad, lo que llevó a que muchos madrileños, la comunidad más castigada por el virus, aprovecharan la circunstancia para viajar a las costas durante ese tiempo, convirtiendo la cuarentena en vacaciones y aumentando  así exponencialmente el riesgo de propagación de la enfermedad por todo el país.

Hasta el mismo expresidente Aznar se ha venido a Marbella a pasar el “confinamiento” en su lujosa urbanización con campo de golf, revalidando la tradición de nuestras élites de no predicar con el ejemplo.

Sin embargo, los vulgares mortales que debemos cumplir el confinamiento bajo constante amenaza de sanción,  e incluso de encarcelamiento, por parte de casi todos los muchos caudillos que están apareciendo cada día en la tele, nos seguimos preguntando cómo lo de mantener nuestra faceta de animal productivo y sujeto fiscal, ir a trabajar, no supone un riesgo mientras el tomarte un café en una terraza sí atenta contra la salud pública, incluso manteniendo esas medidas de seguridad que se antojan realmente estúpidas cuando ves aeropuertos con un pasajero pegado a otro para subirse en el avión.

Tampoco nos queda muy claro, como preguntó hace ya un par de días el presidente autónomo andaluz, que se encierre a los españoles mientras permitimos el libre tránsito por las fronteras de cualquiera que quiera entrar o salir.

No sorprende que sea Bruselas la más reacia a tomar una medida que sin duda afectará seriamente al PIB europeo. Y “sin duda afectará” porque, inevitablemente, habrá que cerrar las fronteras, las interiores y las exteriores de la UE.

Si bien, nuestros gobernantes vuelven a hacerlo tarde, como casi todo desde la aparición del virus.

En esta crisis, como en tantas otras, la indecisión y el temor a las consecuencias políticas, económicas y fiscales están marcando la actuación de nuestros oligarcas.

No obstante, también debemos reconocer que, como ciudadanos, tenemos nuestras peculiaridades: Ahora aplaudimos con vehemencia a ese mismo personal sanitario que hasta hace un mes necesitaba protección policial para que no les pegaran los pacientes.

Deben ser las contradicciones de los latinos.


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