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Martes, 6 de Septiembre de 2022
Por Fernando Madariaga

Admito que, personalmente, lo de la campaña anual de "Comisarías Europeas" siempre me ha parecido otra carísima gilipollez pagada con cargo a los impuestos de los sufridos europeos, pero después del episodio de esta tarde en el Casco Antiguo, me veo obligado a concluir que el Ministerio del Interior, además de derrochar el dinero de todos, no tiene ni puñetera idea de marketing y promoción.

El episodio estuvo entre una escena de una película del casposo Torrente y la hilaridad que suele provocar cualquier actuación de los funcionarios de la administración española cuando se esfuerzan en cumplir las estúpidas órdenes de sus superiores.

Para ponerles en antecedentes, me encontré ayer por la tarde en el Casco Antiguo a una patrulla conjunta de la Policía Nacional, con un agente italiano y otro que creo que era francés. La verdad es que no pude ver la bandera de su uniforme con detenimiento y, por temor a que me dispararan, preferí seguir mi camino antes de comprobarlo.

Los cuatro agentes paseaban por el Casco Antiguo de Marbella dentro del inútil programa de “Comisarías Europeas” que supone un carísimo intercambio de agentes entre países de la Unión Europea (UE) para que los que somos de esa unión nos creamos que existe.

Teniendo en cuenta que ni desde el Ayuntamiento ni desde la Comisaría de la Policía Nacional se había informado -cosa que sí se ha hecho otros años- sobre el despliegue de esas patrullas en nuestra ciudad, pedí a uno de los agentes españoles si podía hacerles una foto de espaldas a los cuatro para informar del desarrollo del programa en Marbella.

Obviamente y como casi siempre sucede con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado españoles, la respuesta fue un rotundo “no”. El motivo, obviamente, era que había que pedir un "permiso" para fotografiar las espaldas de los agentes, algo que podría haber hecho sin decir nada y sin que se enterasen. Solo pretendí publicitar la idiotez de este programa europeo siendo consciente de que los agentes no son culpables de la mediocridad de los políticos.

En mi experiencia, cuanto más subdesarrollado es un país, más permisos te exige para respirar y, aunque muchos no lo crean, en lo malo no hemos avanzado tanto desde los tiempos de Franco.

El “permiso” libera al funcionario y carga la responsabilidad sobre el superior firmante de ese papel rancio que siempre lleva muchos sellos, un número de expediente garabateado en la parte superior y que nadie te termina pidiendo jamás. El "permiso" en la administración es la esencia del subdesarrollo de España.

El programa de "Comisarías Europeas" es, como todos sabemos y ya adelanté hace unas líneas, una gilipollez de libro de texto. Sería más barato pagarle a cualquier agente de la policía una carrera en el extranjero para que aprendiera el idioma antes que traerse cada verano a policías europeos a gastos pagados para pasear por la ciudad. Sin embargo, hasta los periodistas participamos en el engaño. Admito que yo lo hago, y siempre publicito la llegada de agentes de uno u otro país para darse vueltas por el paseo marítimo, aún siendo consciente de que la división entre coste y utilidad arroja unos números rojos que convierten en solventes mis finanzas.

Entiendo las reticencias del agente de la Policía Nacional, que fue absolutamente correcto en todo y que solo obedecía órdenes. Lo que cuestiono es la capacidad de los que dan esas órdenes.

Me pregunto para qué se gastan el dinero de los ciudadanos europeos, nuestro dinero, en hacer una campaña de promoción que luego no se puede promocionar si no tienes "el permiso".

Soy consciente de la incapacidad histórica del Ministerio del Interior para comprender la importancia de la comunicación y de la imagen pública pero, tras tántas décadas de incompetencia en la materia, ¿es posible seguir siendo tan ineptos?


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