Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content
Martes, 19 de Octubre de 2021
Por Fernando Madariaga

Sigo sin entender por qué la clase política le da tanta importancia a los actos públicos de contrición de aquellos a los que se ha pillado con las manos en la masa o de aquellos otros que han vivido saltándose las reglas del juego y, a pesar de ello cuando no gracias a ello, han terminado viviendo mejor.

Este último caso es el de Arnaldo Otegi (Bildu) y el del estúpido y artificial revuelo que han provocado sus últimas declaraciones en las que viene a decirle a las víctimas del terrorismo de ETA que siente que pasara lo que pasó y que lamenta mucho que les tocara a ellos pero que a alguien tenía que tocarle.

Inmediatamente, fariseos profesionales de uno y otro signo político se han apresurado a aplaudir o descalificar al batasuno.

Para toda la izquierda radical y para los partidos secesionistas, ha sido una iniciativa “valiente”. Quizá refiriéndose a que ha sido lo menos cobarde que ha hecho el entorno etarra en toda su vida, pues ignoro dónde está la valentía de no decir nada.

Para la derecha, golpes de pecho, mesarse los cabellos y rasgarse las vestiduras porque Otegi no ha condenado de forma clara el terrorismo, no ha pedido perdón y no colabora para esclarecer los más de 300 asesinatos aún no resueltos. En resumen, no se ha fustigado públicamente lo suficiente.

En esto de la esfera pública, los nuevos inquisidores con escaño parlamentario gustan del espectáculo, del circo. Por ello, lo de agachar la cabeza y poner cara de pena fingiendo arrepentimiento hay que hacerlo estilo rey emérito, para luego poder largarte tranquilamente a otro sitio del mundo a gastarte la pasta que no debiste coger.

Lo de Otegi no vale porque tenía mucho de manifiesto político y muy poco de arrepentimiento. Además ni tan siquiera se produjo la cansina y vacía petición de perdón.

Como si eso sirviera a los casi mil asesinados por ETA, a los mutilados o a las familias de todos ellos. Menuda estupidez.

Sin olvidar que todos los gobiernos, tanto del PP como del PSOE, negociaron con los etarras y llegaron a acuerdos mientras seguían matando. Sin olvidar tampoco que es el Gobierno de Pedro Sánchez el que está acercando a los presos etarras a prisiones de Euskadi, a la vez que entrega las competencias en la materia a un Ejecutivo vasco cuya política penitenciaria pasa por convertir en una especie de resort vacacional la estancia de los terroristas en prisión.

En esta lista de culpables, Otegi no está el primero.

Nuestros políticos han construido ante nuestros ojos otra ficción en su circo. En este caso para que el ciudadano aprenda a no pedirles responsabilidad, o a conformarse con la mínima exigible. Lo importante es el arrepentimiento público, el mea culpa ante el foro y una humilde, y creíble, petición de perdón.

Lo de creíble es esencial porque, aunque sea mentira y te importe una mierda, es el medio para seguir trabajando en el circo.


Comentarios potenciados por CComment