Si algo ha demostrado hoy la ministra de Defensa, Margarita Robles, en su discurso con motivo de la celebración de la Pascua Militar, es el irracional miedo endémico que la izquierda española, anclada desde la posguerra civil en la posguerra civil, le tiene al estamento militar.
Robles, haciendo gala de su nulo conocimiento sobre lo que son las Fuerzas Armadas, ha centrado su intervención en flagelar dialécticamente al grupo de militares jubilados que, en un foro privado de internet, pusieron a parir al Gobierno del que la ministra forma parte. Como si tuviera que justificarse, o incluso protegerse, frente a la amenaza de unos militares del Imserso cabreados porque el Gobierno de la Nación se mantenga en pie con el apoyo de aquellos partidos que, precisamente, tienen como objetivo destruir la Nación.
Desde esta perspectiva, los militares jubilados no deberían ser la mayor preocupación de la ministra de Defensa. Más aún, ni tan siquiera los militares en activo. Personalmente, si estuviera al frente de las Fuerzas Armadas, me preocuparía más del ruido de sables en la sociedad civil que en la militar. El ascenso de Vox es un buen indicio para Robles de por donde van los tiros -recurso literario, que no quiero que me detengan por pretender dar un golpe de Estado con mis amigos de las cañas como colaboradores-.
Es bueno, no obstante, saber que la debilidad y los temores del Gobierno de Pedro Sánchez operan en ambas direcciones: ante los secesionistas y proterroristas por un lado y, por otro, frente a las Fuerzas Armadas. La insistencia de la ministra en remachar que los generales "jubilatas" son solo una rémora de un extinto pasado, mientras se ordena a la Fiscalía que les persiga para extinguir cualquier posible disidencia, revela cuánto miedo y cuánta inseguridad hay en nuestros dos presidentes, que siguen gobernando sin dejar de mirar hacia atrás. Progresía sin progresar. Difícil forma de ser “progre”.
En realidad, lo único que debe temer la ministra de Defensa de nuestros militares es que se viole la Constitución y que, por ejemplo, se fuerce a las Fuerzas Armadas a cumplir el mandato legal contenido en el artículo 8.1 de la Carta Magna, que establece que “tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.
Aparte de eso, resulta obvio que Margarita Robles no ha vestido el uniforme en su puñetera vida.
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