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Martes, 17 de Noviembre de 2020
Por Fernando Madariaga

Observo con creciente preocupación cómo especuladores y gobiernos aplauden con entusiasmo el creciente grado de concentración bancaria en España a pesar de la más que dudosa honradez del sector y su ampliamente demostrada falta de moralidad. Con los currículums de las entidades españolas, lo de concentrar poder y riesgo cada vez más no es ni tan siquiera una estupidez, es suicida.

Tras la fusión de CaixBank y Bankia, y las anunciadas  por Unicaja y Liberbank, y la del BBVA con el Sabadell, los  principales medios de comunicación, bien por estar a sueldo de alguna entidad o bien por pura ignorancia, han informado de forma entusiasta sobre un proceso del que nacerán entidades más fuertes y sólidas para competir en los mercados internacionales, lo cual es cierto.

Lo que todo el mundo parece olvidar es que el otro mercado de las entidades españolas, el de los ciudadanos de a pie que ni somos inversores ni especuladores profesionales, queda aún más inerme ante unos bancos que llevan ya décadas abusando de su clientela de manera impune. Hasta el punto de que el mismo Tribunal Supremo tuvo que hacer el ridículo de desdecirse para no agraviar a la poderosa banca y volvió a cargar sobre las espaldas del cliente el Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados.

O podemos recordar el no menos escandaloso tema de las cláusulas suelo, cuando se ha tenido que llegar a la justicia europea para sortear el escudo protector que nuestros jueces y gobiernos forman ante los grandes bancos.
Tampoco tenemos que perder de vista, para apuntalar más la catadura moral del sector, que la mayoría de las entidades, coincidiendo con las extraordinaria dificultad que muchos españoles están pasando en estos tiempos, han creado nuevas comisiones de las que solo puedes librarte si tienes dinero para comprarles sus productos, castigando, de nuevo, a los clientes con menor capacidad económica. Algunos hasta han comenzado a advertir de que cobrarán por hacer operaciones en ventanilla, apuntando directamente hacia esa tercera edad, la mayoría pensionistas, que no se maneja con los cajeros automáticos ni con la banca online.

En consecuencia y habida cuenta de que la experiencia demuestra que cuando la banca española tiene problemas se limita a extender la mano para recibir dinero público gratis, lo de permitir que aumente su poder concentrando el riesgo financiero a golpe de fusiones, no apunta al denominado “riesgo sistémico” sino a un futuro de “abuso sistémico” e incontrolado sobre el cliente y a la incapacidad del poder público para ponerle freno.

Cuando en un negocio infame, empresarios infames se conjuran para sumar sus esfuerzos, el resultado inevitable es el mismo que se produjo cuando los narcos colombianos unieron sus recursos y crearon los cárteles.

Podrán comprobar que hoy la mayor parte de planeta ignora el nombre del presidente de la república de Colombia, aunque sí sabe quién es Pablo Escobar Gaviria.


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