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Por Fin
Por Fin
Jueves, 15 de Octubre de 2020
Por Fernando Madariaga

Bueno, parece que los gobernantes españoles, independientemente de las siglas de su partido, continúan con el concepto decimonónico que entiende la facultad de dictar leyes como la más evidente manifestación del imperium. Del poder en estado puro. Y eso, para un mediocre, mola un montón.

No se explica de otro modo la sucesión de paridas legislativas a las que nos someten todas las administraciones, resultando lógico que sea el Gobierno central el que, teniendo mayor capacidad de normar, cometa los mayores atropellos al sentido común. Hasta el punto de que el BOE parece ya una edición de “El Jueves” sin imágenes ni dibujos, pero con iguales resultados hilarantes.

Personalmente sigo con divertido interés las chorradas normativas con las que todos los partidos pretenden ejercer las labores de gobierno, y recientemente ha llamado mi atención lo aprobado en el último Consejo de Ministros para imponer por la fuerza la igualdad salarial sin diferencias por razón de sexo.

La ministras de Igualdad, Irene Montero, y la de Trabajo, Yolanda Díaz, ambas recién salidas de un parque temático de Disney, explicaron el contenido de la ley con la que, aseguran, acabarán con la llamada “brecha salarial”.

La futura norma, en realidad, es poco más que un conjunto de sandeces de dudosa constitucionalidad, en algunos de sus aspectos, y de menos sentido común en muchos otros.

Pretender acabar con la supuesta discriminación salarial obligando a las empresas a hacer público todo lo relativo al sueldo de todos los empleados puede, de entrada, afectar tanto a la privacidad como a la protección de datos de cada trabajador.

Además, es manifiestamente injusto y enormemente desincentivador para la productividad, el principio de “igual empleo, igual sueldo” independientemente del sexo. El principio correcto es “igual productividad, igual sueldo”, independientemente de todo lo demás.

También habría que preguntarle a ambas ministras si la futura norma protegerá a todos los trabajadores o solo a las mujeres, discriminando a aquellos hombres que, como he sufrido en mis propias carnes, cobren menos por no ser mujer y por no acostarse con el jefe.

En realidad, da un poco de miedo preguntarlo, porque con la de estupideces que paren ambas ministras, lo mismo lo solucionan financiando a los empleados discriminados una operación de cambio de sexo para que tengan las mismas oportunidades que sus compañeras.

Resulta difícil creer que, a estas alturas, nuestros gobernantes continúen intentando imponer la igualdad-ficción a golpe de norma coercitiva mientras la principal desigualdad, la económica, continúa creando pobres y matando gente por miles.

Por otro lado, será indiferente lo que prohíban o cuánto castiguen a base de legislar chorradas, la igualdad nunca se logrará por la simple razón de que los humanos no somos iguales en ningún aspecto.

¿Nadie se ha preguntado por qué no hay dos ADNs o dos huellas dactilares iguales?


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